Si VICENS VIVES LEVANTARA LA CABEZA … El manual de Bachillerato para Cataluña de la Editorial Vicens Vives.

0

Si VICENS VIVES LEVANTARA LA CABEZA …   El manual de Bachillerato para Cataluña de la Editorial Vicens Vives.   

 

  1. Un temario de Historia minimalista: 100 años en lugar de 300 siglos.

La editorial que lleva el nombre del insigne historiador catalán fue fundada en 1961, un año después de su muerte, por Roser Rahola y Pere Vicens, respectivamente viuda e hijo de Jaume Vicens Vives. Quisieron así desvincularse de la Editorial Teide, fundada en 1942 por Jaume Vicens Vives junto a su cuñado Frederic Rahola. Ambas editoriales han tenido y tienen un notable peso en el sector de la edición de libros escolares y materiales didácticos en Cataluña, en toda España y también en Iberoamérica. En el año 2017 la Editorial Vicens Vives tuvo unos ingresos de casi 37 millones de euros y en la actualidad mantiene una plantilla de 361 empleados.

Roser Rahola y Jaume Vicens Vives en 1941

En la presente serie vamos a analizar los contenidos del último manual para 2º de Bachillerato facturado por la editorial para su distribución en Cataluña (Gª Sebastián et al:  HB Història. Batxillerat. Ed. Vicens Vives. Barcelona, 2016. ISBN: 978-84-682-3605-6), empezando por el curriculum seleccionado.

Libros de texto        

El Real Decreto 1105/2014, de 26 de diciembre, por el que se establece el currículo básico de la Educación Secundaria Obligatoria y del Bachillerato, señala sin discusión que en todas la modalidades de Bachillerato se estudiará obligatoriamente la materia de Historia de España https://www.boe.es/boe/dias/2015/01/03/pdfs/BOE-A-2015-37.pdf Dicha materia incluye 12 bloques temáticos, que van desde La Península Ibérica desde los primeros humanos hasta la desaparición de la monarquía Visigoda en el 711 (bloque 1) hasta Normalización Democrática de España e Integración en Europa desde 1975 (bloque 12).

Sin embargo, aunque teóricamente el contenido de la materia es la Historia de España desde la Prehistoria hasta nuestros días, el manual elude la palabra España, y el título se queda simplemente en Història, sin que sepamos a priori de donde es la “Historia” que se nos propone. El contenido del manual se estructura en 15 unidades en las que tampoco aparece la palabra España ni una sola vez. En cambio, la palabra Cataluña aparece específicamente en el tema 1 (con lo cual ya se marca la pauta) y en el tema 11. Por consiguiente, el mensaje subrepticio es: vamos a hablar básicamente de Cataluña y, muy secundariamente, de eso que llamamos Estado español.

En cuanto a los contenidos cronológicos, hay que decir que sufren una mutilación considerable, pues el primer tema del manual se titula La Catalunya del segle XVIII. Por consiguiente, se eliminan de entrada 3 de los 12 bloques, es decir, un 25 % de los contenidos. Y el resto se centra básicamente en Cataluña. Con lo cual, queda poco del curriculum establecido por el Gobierno de la Nación https://www.elmundo.es/espana/2020/12/01/5fc6a182fdddff96928b465d.html. Lo cual no es ninguna extravagancia achacable a los autores del manual, pues el resto de editoriales hace lo mismo. La explicación está en que todas se ciñen al curriculum específico de la Generalitat de Catalunya, el cual establece que “en el batxillerat, la materia comuna es refereix a l’àmbit hispànic amb un enfocament particular sobre el marc nacional català” (Generalitat de Catalunya. Departament d’Ensenyament. Currículum Batxillerat. Pg. 86      http://xtec.gencat.cat/web/.content/alfresco/d/d/workspace/SpacesStore/0028/f2989dc7-8a2c-4b2f-86e8-4d5929f43fd7/PUBL-curriculum_batxillerat.pdf ). Por si no fuera suficiente, en los objetivos de la materia se subraya la necesidad de Interpretar de manera àmplia els principals processos econòmics, polítics i socioideològics, així com alguns dels principals problemes històrics que configuren la història de Catalunya en particular i la d’Espanya en general, tenint en compte els referents comuns i les particularitats, dins una visió respectuosa del caràcter plurinacional de l’estat (Ib. pg 88). De manera que el curriculum de la Generalitat (que, teóricamente, sólo debería adaptar el del Ministerio de Educación) establece que:

  1. Hay que distinguir entre la Historia de España y la Historia de Cataluña, pues la segunda no es parte integrante de la primera. Como si fueran, o hubieran sido en el pasado, dos países diferentes. Algo absolutamente insostenible.
  2. Cataluña es una nación. Esto no se afirma en ningún momento de España. Con ello se aparta de la propia Constitución del 78, cuyas primeras palabras son “La Nación española …”.
  3. España es un Estado plurinacional. Algo que, con toda evidencia y dejando aparte las ideologías y deseos particulares, se aparta completamente de la vigente Constitución.  

Si VICENS VIVES LEVANTARA LA CABEZA …   El manual de Bachillerato para Cataluña de la Editorial Vicens Vives.   

Por consiguiente, se puede afirmar que el curriculum de la materia de Historia de Bachillerato elaborado por la Generalidad (y aplicado a rajatabla tanto por el manual que vamos a examinar como por los del resto de editoriales) se aparta sustancialmente tanto del curriculum del Ministerio de Educación como de la propia Carta Magna. En su momento, el ministro de Educación Íñigo Méndez Vigo envió un requerimiento a la Generalitat instándole a desarrollar el decreto de Bachillerato conforme a la LOMCE. También se advirtió por las irregularidades encontradas en la legislación catalana de Primaria y ESO, así como en la FP Básica, pero la Consejería de Enseñanza no dio marcha atrás https://www.elmundo.es/espana/2020/12/01/5fc6a182fdddff96928b465d.html . En definitiva, la Generalitat va por libre y el proyecto actual de nueva Ley de Educación (LOMLOE) puede suponer la legitimación de un curriculum peculiar -y fuera de la normativa estatal- que se viene desarrollando desde hace años en Cataluña.

Hay que tener presente también que en las pruebas de selectividad aún se reduce más el temario http://universitats.gencat.cat/ca/pau/que_heu_saber/materies_estruc/historia/ , pues sólo entran 6 temas:

  1. La Restauración: evolución política, social, económica y demográfica (1875-1931).
  2. El catalanismo político: precedentes, aparición y evolución (1833-1931).
  3. La Segunda República (1931-1936).
  4. La Guerra Civil (1936-1939).
  5. El franquismo (1939-1975).
  6. La transición y la democracia (1975-1986).

Esto marca la pauta de lo que realmente se explica en las aulas de los colegios catalanes, pues la prioridad de los profesores es preparar bien a sus alumnos para la selectividad. Por consiguiente, en lugar de explicar la Historia de España desde la Prehistoria hasta nuestros días (con mayor carga horaria en los temas de Historia contemporánea), como establece el curriculum del Ministerio, se explica Historia de Cataluña y de España desde 1874 hasta 1986. De los aproximadamente 300 siglos del programa, nos quedamos en la práctica con 112 años en el bachillerato catalán. Una época, además, no especialmente brillante de la extensa Historia de España.

Este curriculum supone una radical mutilación, en cuanto a extensión, de la Historia de España. Pero también es una ventaja absolutamente injustificable para los alumnos catalanes en las pruebas de selectividad con respecto a sus compañeros del resto de España. Pues tienen que estudiar un temario mucho menor, con lo cual las posibilidades de sacar mejor nota crecen exponencialmente. Por ejemplo, los alumnos de la Comunidad Autónoma de Madrid tenían que elegir este año https://www.examenesdepau.com/files/examen/CeoVTv/  4 cuestiones entre una lista de 12, ninguna de las cuales ha sido estudiada por los alumnos catalanes por ser anteriores a 1875:

A.1 (4 puntos) CUESTIONES:

  1. Sociedad y economía en el Paleolítico y Neolítico. La pintura rupestre.
  2. Al Ándalus: reinos de taifas. Reino nazarí.
  3. Los reinos cristianos en la Edad Media: organización política, régimen señorial y sociedad estamental.
  4. Los Austrias del siglo XVII: el gobierno de validos. La crisis de 1640.
  5. Crisis y decadencia de la Monarquía Hispánica: el reinado de Carlos II y el problema sucesorio.
  6. Ideas fundamentales de la Ilustración. El despotismo ilustrado: Carlos III.

 

B.1 (4 puntos) CUESTIONES:

  1. Conquista y romanización de la Península Ibérica. Principales aportaciones romanas en los ámbitos social, económico y cultural.
  2. Al Ándalus: la conquista musulmana de la Península Ibérica. Emirato y califato de Córdoba.
  3. Los primeros núcleos de resistencia cristiana. Principales etapas de la Reconquista. Modelos de repoblación.
  4. El significado de 1492. La guerra de Granada y el descubrimiento de América.
  5. Principales factores de la crisis demográfica y económica del siglo XVII y sus consecuencias.
  6. La nueva Monarquía Borbónica. Los Decretos de Nueva Planta. Modelo de Estado y alcance de las reformas

 

Hay que recordar que en España existe un distrito único universitario, lo que significa que un alumno que aprueba la selectividad puede optar a una plaza en cualquier universidad española. Los alumnos catalanes, con este examen de Historia notoriamente más fácil que los de otras CC. AA., tienen más posibilidades de obtener la plaza preferida.  Y no sólo sucede con la prueba de Historia, pues la materia de Lengua Castellana ha sido degradada al nivel de una asignatura “maría”, de lo asequible que resulta el examen de selectividad en Cataluña https://www.abc.es/espana/catalunya/abci-examen-castellano-mas-asignatura-maria-primer-selectividad-cataluna-201806121510_noticia.html . En el caso del examen de Lengua Castellana, esto se hace con una intencionalidad política clara por parte de la Generalitat: desacreditar las protestas contra la inmersión lingüística con el argumento de que los alumnos catalanes, a pesar de no recibir ninguna clase en lengua española durante su escolarización (salvo, en el mejor de los casos, las de la asignatura de Lengua Castellana), son capaces de sacar mejores notas en las pruebas de la selectividad que sus compañeros de otras CC. AA. El resultado de todo ello es que los alumnos catalanes tienen una formación inferior, pero parten con ventaja en las pruebas de selectividad. La única forma de acabar con esta situación absurda e injusta es la realización de una única prueba de selectividad igual para toda España. Sólo así se acabará la desigualdad del alumnado ante las pruebas de selectividad https://elpais.com/politica/2018/06/27/actualidad/1530109834_140882.html

Francisco Oya Cámara

El concepto de España según Colón y Cervantes

El concepto de España según Colón y Cervantes

 

Como ya hemos comentado otras veces, el nacionalismo secesionista siempre ha dicho que antes de 1714 (o incluso de 1812) España no existía ni como entidad política ni como concepto espiritual o cultural. Era, dicen, un simple concepto geográfico desprovisto de cualquier significado de pertenencia colectiva.

La falsedad de esta teoría queda sobradamente probada si se leen los documentos anteriores a la citada fecha, entre ellos los textos dejados por Cristóbal Colón o Miguel de Cervantes. Y podríamos citar a muchos otros personajes de la Historia, pero hoy nos centraremos en ellos.

Colón, como ya es harto sabido, tenía un origen nacional oscuro, pues aunque algunos de sus contemporáneos afirmaban que era genovés, han surgido diversas teorías al respecto. Es probable que su apellido real fuera Colom y por eso historiadores como Salvador de Madariaga afirmaban que era genovés descendiente de una familia judía de origen catalán. Otros como Luis Ulloa creía que el almirante era directamente catalán. Y más recientemente Francesc Albardaner concluye que Colón sería genovés de nación pero ciudadano de Valencia, pues en sus escritos habla de la capital del Turia con familiaridad y detalle.

Pasando a analizar los textos de Colón, que van de 1492 a 1503, vemos que cita la palabra España 60 veces como mínimo, muchas de ellas como lugar geográfico pero otras con un significado más transcendente. Por ejemplo, en 1492 habla de Isabel y Fernando como “rey e reina de las Españas” (entonces era habitual hablar de España en plural, como Mallorcas en vez de Mallorca). En 1498 el navegante afirma que gracias a los descubrimientos “la España creçe de mucha grandeza”. Y en 1500 dice que  “como capitán que fue d’España a conquistar hasta las Indias.” También hay que recordar que Colón cuando descubrió la isla de Santo Domingo/Haití la bautizó como la Isla Española o La Española. En su mente, pues, la idea de España estaba muy presente.

Otro hecho importante que debemos comentar es que siempre se ha dicho que la unión de Fernando e Isabel fue una unión meramente personal sin trascendencia política y administrativa. Eso es matizable e incluso rebatible, entre otras cosas por lo siguiente: el 2 de febrero de 1475 la reina Isabel firmó una real provisión por la cual “los moradores de la Corona de Aragón serán tratados como si fuesen naturales de estos reinos de Castilla y León”. Por eso algunos navegantes y militares catalanes, aragoneses y valencianos pudieron participar sin ningún problema en los descubrimientos y conquistas de América. Estamos pues ante un claro hecho de fusión o unión de la nacionalidad o ciudadanía, aunque no sabemos la vigencia exacta en el tiempo de ese real decreto.

Saltamos más de un siglo en el tiempo y nos plantamos en 1605, año de edición de la primera parte del Quijote, y en 1615 la segunda. Pues bien, en su famosa obra, Cervantes habla 45 veces de España, 14 veces de español y españoles, incluyendo dos ocasiones en que habla de la “infantería española”. Y en la primera parte llega incluso a referirse a la “nación española” y en la segunda a San Diego Matamoros, patrón de las Españas. Por cierto, Cervantes explica que era habitual que de Barcelona salieran galeras con soldados de los tercios españoles para ir a Nápoles. También en el Quijote aparece el famoso bandolero catalán Perot Rocaguinarda (1582-1635), llamado en esa ocasión Roque Ginart. Pues bien, Rocaguinarda fue indultado en 1611 por el rey y se embarcó hacia Italia con su cuadrilla, donde alcanzó el grado de capitán de los tercios españoles. Si Cataluña hubiera sido un estado soberano ajeno al rey de España…¿como hubieran sido posible semejantes hechos? .

Bibliografía:

Cristobal Colón. Textos y documentos completos. Prólogo y notas de Consuelo Varela. Madrid: Alianza Editorial, 1984.

-Miguel de Cervantes. Don Quijote de la Mancha. [Edición y notas de Francisco Rico]. Real Academia Española, 2004.

-Francesc Albardaner i Llorens. Cristòfor Colom, ciutadà de València i genovès de nació, https://francescalbardaner.jimdofree.com/, octubre de 2016.

Batallas Olvidadas. Lérida 1647. (2)

Batallas Olvidadas. Lérida 1647. (2)

Por lo que parece, Grammont optó por no exponer a sus hombres innecesariamente por temor a la artillería del castillo y decidió tomar la posición mediante una mina. Los dos cañones apostados en la pequeña batería delante de San Francisco tenían la función de hostigar a los defensores y, sobre todo, desviar su atención de las obras de minado que sus ingenieros estaban realizando.

Para ganar tiempo, la boca del túnel estaba relativamente cerca del convento y todo apunta a que Ribaguda se percató que los franceses estaban tramando algo. Por ese motivo y pese a su contundente inferioridad numérica, la noche del 30 al 31 de mayo organizó una pequeña encamisada contra la batería francesa.

Batería de Artillería en torno a 1640. Por Peter Dennis.

Un grupo de mosqueteros se descolgó mediante escaleras de cuerda del tejado de la bóveda y atacaron con granadas la vanguardia gala. Desconocemos las bajas francesas del golpe de mano, pero si sabemos que todos los hombres de Ribaguda pudieron volver a sus posiciones sanos y salvos.

Durante los días 31 de mayo y uno de junio, los minadores franceses continuaron con sus labores de zapa cubiertos por el fuego de los dos cañones instalados el día anterior mientras los defensores respondían con fuego de mosquetería.

Aquí las fuentes se contradicen en el detalle si la voladura del convento se produjo la noche del uno al dos, o la madrugada del dos al tres. En todo caso. El día del minado de San Francisco los defensores padecieron su primera baja. El mosquetero Juan González que servía en la compañía del capitán Gil de Berastegui del tercio de galeones del maestre de campo don Rodrigo Niño de Menzoza resultó herido de un balazo en su brazo izquierdo y se retiró a la ciudad.

Por la noche, el túnel ya había llegado bajo el campanario y ya estaba cebado con su correspondiente carga explosiva. Como era preceptivo, Grammont comunicó a Ribaguda que haría volar la carga y aquí el sargento volvió a sorprender negándose a entregarse.

Los últimos instantes del minado del convento son confusos en sus detalles dado que las fuentes son contradictorias. Lo que si no hay duda es quien sobrevivió y quien no aquella noche.

El sargento Cristóbal de Ribaguda se encontraba en el campanario cuando estalló la mina muriendo en el acto, esto es indiscutible, aunque algunas fuentes describen que estaba arrojando granadas contra el enemigo en el momento de la explosión. Póstumamente, el rey Felipe IV lo ascendió a capitán con la correspondiente pensión para su viuda.

El cabo de escuadra Juan de la Peña, un guardia real de Mondoñedo se encontraba sobre la bóveda en el momento de la explosión cayendo prisionero, pero sin heridas de consideración. Fue rescatado al poco tiempo y sirvió con su compañía el resto del asedio.

Domingo Soriano, soldado aventajado con tres escudos de la compañía de don Manuel de Rozas, también del regimiento de la Guardia Real. Este palentino nacido en Mazariegos del Campo se encontraba en la bóveda durante la deflagración. Consiguió descolgarse de sus ruinas con una escalera de cuerda y llegó por sus pies al castillo de la ciudad. Sirvió en su unidad por lo que quedó de sitio.

Bartolomé González, soldado mosquetero que sirvió en la compañía de don Juan de Borbón del mismo regimiento que sus dos compañeros anteriores. Se encontraba en el campanario con Ribaguda en el momento de la explosión muriendo también.

Alonso García, de Fuente la Encina, en la Alcarria. Fue soldado mosquetero de la compañía de Gil de Berastegui del tercio de Galeones de don Rodrigo Niño. La onda expansiva arrojó de la bóveda cayendo prisionero. Poco después fue rescatado con el resto de sus compañeros y se reincorporó a su unidad.

Batallas Olvidadas. Lérida 1647. (2)

De su misma compañía era el mosquetero Bartolomé Ruy, de Villarrubia en Córdoba. En su caso pudo escapar por la escala de cuerda después de la explosión. Como Domingo Soriano pudo llegar a la plaza para incorporarse a su tercio.

Mosquetero español durante el asedio de Lérida de 1647. Por Ángeles Ribes.

Juan Córdova nació en el Algarve, Portugal. Este mosquetero servía en la compañía de Juan de Eraspe, del tercio navarro de don Pedro de Esteriz. Al explotar la mina, la onda expansiva casi lo tiró al suelo. Pudo agarrarse a la cornisa del edificio donde se quedó colgado hasta que un mosquetero francés le disparó en el brazo haciéndole caer. Al topar contra el suelo se fracturó una pierna gravemente. Fue capturado y devuelto a la Lérida ese mismo día. Tuvieron que amputarle la pierna.

Otro soldado del mismo tercio superviviente del asedio del convento de San Francisco fue el gallego Antonio de la Cuesta. Fue otro de los afortunados que pudo descolgarse por la escala de cuerda después de la explosión, llegando sano y salvo a sus posiciones.

El asturiano Cosme Blanco también era veterano de la misma unidad navarra. Logró huir por la escala y continuó luchando al lado de sus compañeros de armas durante el resto de las hostilidades.

No tuvo esa suerte otro mosquetero de dicho tercio, Luis Fernández, nacido en Borgoña 22 años antes y que fue volado en la bóveda. Este soldado, junto el resto que murieron en la bóveda pudo fallecer mientras estaban parapetados encima de la misma, o según un cronista, combatiendo a una cuarentena de franceses dentro de la Iglesia. Según la misma fuente, todos murieron al ceder la bóveda y derrumbarse sobre los ellos.

También murió el soldado Gil Barrueco, nacido en Trubia y de 20 años. Dice la súplica de los hechos que era lampiño y moreno. Como Luis Fernández y tal vez Bartolomé González, cayó o bien con la explosión o en el derrumbe posterior de la bóveda del convento.

Finalmente, el conquense Juan de Jara, un joven de 22 años con la tez picada de viruelas, soldado aventajado con dos escudos por acciones anteriores, era el único soldado del regimiento del Conde de Aguilar de la guarnición de San Francisco. Servía en la compañía del capitán Gaspar de Santillana hasta que le destinaron a la avanzada con Ribaguda. Consiguió sobrevivir a la explosión y escapar por la escala para reincorporarse a su unidad hasta que cayó muerto de un balazo días más tarde durante los combates que se sucedieron en la defensa de Lérida.

De los trece defensores iniciales del convento leridano de San Francisco doce se encontraban es sus muros en el momento de la voladura. Cuatro murieron, tres fueron hechos prisioneros y devueltos por Grammont ese mismo día y cinco lograron escabullirse después de la explosión por una escalera de cuerdas.

Relación del cavo y doce soldados que estaban en la bóbeda de la torre de San Francisco desta ciudad de Lérida a tiempo que la voló el enemigo. Biblioteca Nacional, Ms 2335, fol 275.

Cuando tuvo noticia de lo sucedido, el rey Felipe IV quiso conocer a los supervivientes, otorgándoles ascensos y ventajas por este insólito hecho de armas.  El tiempo ganado por Ribaguda retrasó el ataque de Grammont lo suficiente como para minimizarlo. De hecho, el peso del esfuerzo francés contra la plaza recaería en el aproche de Condé en el sector de Predicadores y el baluarte de Cantelmo.

Estado en que quedó el convento de San Francisco después de la explosión. Bajo sus ruinas puede observarse la batería instalada por Grammont después de la captura de la posición. Detalle en «Vue des attaques de Lérida en 1647 assiégé par le Prince de Condé» Ministère de la Défense. Archives du Génie. Château de Vincennes, Paris, Article 15-Sièges nº 2.

Allí, las ruinas del viejo convento estaban tan deterioradas que no se consideraron aptas para la defensa, por lo que el Gran Condé pudo abrir trincheras sin oposición y acompañado de la música de 24 violines.

La respuesta de Brito; levantar a toda prisa una empalizada emplazando allí a cien soldados viejos, vivos y reformados armados hasta los dientes y con una banda roja cruzada en el pecho. Un soldado vivo y reformado, era normalmente un oficial sin plaza que servía como soldado. Los hombres escogidos para estar fuera de muros eran veteranos con gran experiencia en combate.

Soldado de las Bandas Rojas. Lérida 1647. Por Ángeles Ribes. (detalle)

Sus guardias eran de un día entero, siendo sustituidos por la compañía de carabineros, otro centenar de veteranos escogidos. De esta manera, Brito se aseguraba tener frescos y en todo momento, cien veteranos justo delante de las posiciones francesas, dispuestos a realizar salidas y sometiendo a las avanzadillas francesas a fuego de precisión…

 

 

Batallas Olvidadas. Lérida 1647. (1)

Batallas Olvidadas. Lérida 1647. (1)

La batalla de Rocroi, el 19 de mayo de 1643 ha pasado a la historia como la derrota que marcó el fin del predominio de los Tercios en Europa. En realidad, Rocroi no fue la primera derrota padecida por los Tercios ni tampoco el punto final de sus victorias, pero como en otras tantas ocasiones, lo que en su día fue propaganda enemiga, en la actualidad se ha aceptado como cierta.

Víctima de la simplificación de procesos extremadamente complejos como la lenta decadencia del sistema de los tercios español, en contraposición al auge del sistema regimental francés, batallas como la de Lérida en 1647, aunque de una gran repercusión internacional en su momento, en la actualidad han sido condenadas al olvido.

El 12 de mayo de 1647 y tras dos asedios anteriores (1644 y 1646) Luis II de Borbón, duque de Enghien y príncipe de Condé, vencedor de los Tercios en Rocroi, es presentó ante Lérida con una avanzadilla de 8200 infantes organizados en 14 regimientos, 5400 jinetes formados en 17 regimientos de caballería y un tren de artillería con 37 cañones de asedio.

Luis II de Borbón, Príncipe de Conde, Duque de Enghien.

Defendiendo la ciudad, se encontraba el general de artillería Gregorio Brito y Joao con 2142 soldados del rey, de los cuales poco más de un millar eran soldados viejos (veteranos) y el resto bisoños (novatos o de leva nueva), 505 jinetes y unos 700 voluntarios catalanes. Para el fuego de contrabatería, tan sólo contaban con poco más de treinta cañones de 12 libras o menos y cuatro cañones de calibre equivalente a los franceses.

La ciudad contaba con una fortaleza moderna, pero a medio terminar protegiendo la colina que domina la ciudad y una cortadura o retaguardia en el interior del conjunto urbano, pero las murallas de circunvalación de Lérida databan del siglo XIV, estaban en pésimo estado y su diseño era tan anticuado que apenas podrían aguantar un día de bombardeo antes de desmoronarse.

En cuanto a las intenciones de Condé y sus fuerzas, además de las fuentes propias, contamos con los testimonios e informes de espías españoles infiltrados en su campamento, por lo que sabemos que Brito era muy consciente que Condé atacaría la ciudad al asalto en vez de asediarla por hambre como intentó infructuosamente el conde de Harcourt el año anterior.

Batallas Olvidadas. Lérida 1647. (1)

Don Gregorio Brito y Joao tenía por aquel entonces 47 años, era un experimentado militar que había combatido en Flandes, en los galeones de la Armada del Mar Océano y en Cataluña desde el inicio de la revuelta en 1640. Era un personaje duro, tanto por sus acciones, como por el contenido de sus cartas que nos ha llegado. También era un gran conocedor del arte de la defensa de una plaza, sobre todo si esta defensa era agresiva.

Ya en 1646 demostró su capacidad en la encamisada de Termens del 7 de abril, cuando atacó por sorpresa el deposito de suministros francés que se estaba levantando en dicha localidad para preparar el asedio de Lérida. En la operación se destruyeron toneladas de provisiones y se capturaron un millar de prisioneros antes de que Harcourt pudiera reaccionar.

Como premio a dicha acción, Felipe IV concedería a Brito el condado de Termens en mayo del año siguiente, ganando fama de agresivo y duro rival entre los franceses.

Como decíamos, pese a que Condé estaba advertido de las capacidades de Brito, este decidió asaltar el castillo por su lugar más difícil y por el único que podía enfrentarlo sin tener que entrar dentro de la ciudad antes.

Era la zona del campo de Marte, una colina con un fuerte pendiente defendido por cuatro de los nuevos baluartes de la fortaleza. Estos eran el de Cantelmo, el Francés, la Cortina Nueva y el Puntiagudo. Todos construidos con material reciclado de las demoliciones del barrio noble de la ciudad y de los conventos de extrarradio.

El asalto no se inició de inmediato, los primeros días se dedicaron a levantar campamentos, aprovechando en parte las obras dejadas por Harcourt en noviembre y a esperar la llegada de la artillería.

Durante estas labores de cerco, los defensores evitaron salir al encontrarse sus enemigos demasiado lejos de la plaza hasta el día 20, en que un hecho fortuito provocó la primera reacción de Brito. Los franceses habían montado un par de puentes de barcas para salvar el Segre y comunicar ambas orillas cuando uno de estos se rompió por una inesperada crecida del río.

Unos pocos centenares de soldados de Condé quedaron aislados del resto de sus camaradas y el general portugués se abalanzó sobre ellos con doscientos jinetes con otros doscientos mosqueteros a la grupa. La escaramuza acabó con las primeras bajas entre ambos bandos y el primer intercambio de prisioneros del asedio. No fue una acción especialmente sangrienta, pero fue el primer toque de atención de Brito.

El 27 de mayo, con la llegada de la artillería de sitio al frente, los franceses empezaron a cavar las trincheras de asalto escogiendo dos sectores de muralla. Por su izquierda, apuntando hacia el baluarte de Cantelmo y por su derecha, partiendo del convento de San Francisco hacía la puerta de San Martín.

Asalto sobre Lérida. A la izquierda de la imagen, el asalto de Condé, a la derecha el de Grammont con las ruinas del convento de San Francisco.

Aquella misma noche, un comando español del tercio navarro de don Pedro de Esteriz se infiltró en las líneas francesas robando todos los caballos de Frisia que habían colocado para defender su posición. Dichas defensas acabaron protegiendo la estrada encubierta o empalizada levantada por Brito ante el baluarte de Cantelmo como puesto avanzado defendido por cien soldados de élite.

El ataque hacía Cantelmo lo dirigía el mismo Gran Condé, mientras que el asalto por el flanco derecho era liderado por el veterano mariscal Grammont, que a diferencia de Condé, se topó con la primera posición defensiva hispana justo en el lugar designado para empezar sus obras de aproche hacia la fortaleza.

Como decíamos, Grammont escogió empezar a cavar junto al semi derruido convento de San Francisco, una antigua joya del gótico empezada a demoler por los ingenieros Saint Pol y Saint Clair en 1641 cuando Lérida estaba bajo dominio francés y el Cardenal Richelieu envió a dichos arquitectos militares a levantar una fortaleza moderna sobre la colina de la Seu Vella.

En antiguo convento cobijaba los restos del rey Alfonso IV de Aragón hasta que la guerra obligó a trasladarlos a la catedral. En esos momentos tan sólo conservaba intacto su campanario y su iglesia. Una estructura lo suficientemente resistente para que Brito decidiera enviar una pequeña fuerza simbólica con el fin de ganar tiempo.

Dicha práctica era bastante habitual en la época y consistía en resguardar posiciones exteriores sin valor táctico con el fin de provoca retrasos en el asalto enemigo.

Brito encomendó la defensa de San Francisco a un joven sargento de 27 años de la compañía de Juan González Salamanquez, una de las que servían de guarnición del castillo principal, llamado Cristóbal de Ribaguda.

Cristóbal, natural de Orduña, era un soldado veterano que lucía una cicatriz en su mejilla izquierda y que desde ese momento pasaría a estar al mando de la posición. Pero lejos de limitarse a simular la defensa para luego capitular, Ribaguda ordenó a sus doce mosqueteros escogidos fortificarse sobre la bóveda de la iglesia y en el campanario.

Cuando la mañana de 30 de mayo un corneta francés conminó a la rendición a Ribaguda este se negó, forzando un asalto sobre el convento por parte de la infantería francesa posicionada en su sector. Se trataba de dos regimientos de infantería, el Persan y el Lorena, que, según un informe del espionaje español, contaban con unos 1500 soldados entre ambos.

Después de un primer intercambio de mosquetazos la infantería gala se lanzó al ataque sin las escalas necesarias para acceder a la bóveda del convento. Lo estuvieron intentando durante horas mientras eran hostigados con granadas de mano y disparos por los defensores.

Detalle de un plano de asedio francés de la defensa de San Francisco. Es la única representación conocida y coetánea de ese hecho de armas. Plan de Lérida attaqué. Ministère de la Defense. Bibliothèque du Génie. Paris.

Al ver que San Francisco resistía, Brito ordenó disparar la artillería del castillo contra los asaltantes. Al cabo de tres horas de iniciado el asalto, Grammont ordenó la retirada mientras que los defensores no registraron ni una sola baja.

Ante la inesperada defensa del viejo convento, Grammont decidió no correr más riesgos y optó por utilizar medios más contundentes, instalando una batería de dos cañones gruesos que empezó a disparar esa misma noche…

EPIDEMIAS Y PANDEMIAS EN LA ANTIGÜEDAD. SÍNTESIS DIVULGATIVA

0

EPIDEMIAS Y PANDEMIAS EN LA ANTIGÜEDAD. SÍNTESIS DIVULGATIVA

DANIEL RUBIO RUIZ, Profesor-tutor de Historia Económica. Centro asociado de Cervera (UNED)

Los virus, bacterias y patógenos en general han convivido con la especie humana desde su aparición en el Planeta. El conocimiento de su influencia nos vino en primer lugar por el relato de historiadores y crónicas de la antigüedad, sin embargo los recientes avances en el análisis de huesos procedentes de cementerios han dado mucha luz al estudio de esta faceta de Clío permitiendo concretar muchos aspectos de las citadas crónicas o modificar las primeras conclusiones al respecto. Junto a ello contamos con los notables progresos en paleo-climatología que relacionan propagación de enfermedades con cambios climáticos. No hablamos de dichos cambios como único factor sino como una de las variables a tener en cuenta a la hora de ofrecer explicaciones científicas a estos temas.

El ámbito geográfico referido en este artículo se ciñe al mundo mediterráneo y el próximo Oriente.  La época se sitúa en el Imperio Romano en un sentido  amplio, es decir, desde su creación en el siglo I hasta el siglo VIII cuando Bizancio ha perdido el esplendor de la época de Justiniano el Grande. Estos ocho siglos convirtieron el Mare Nostrum en un gran centro comercial con intercambios que llegaban hasta el lejano Oriente, el interior de África y las antiguas islas Casitérides. La pequeña globalización económica que significaba el poder del Emperador favoreció la expansión económica, las comunicaciones y por ende un camino para las pandemias. El potente ejército que controlaba el territorio fue otro factor tradicional de propagación de los agentes infectantes. Comerciantes y militares fueron aliados involuntarios de la enfermedad.

Tenemos noticias de epidemias en ciertas zonas del entorno Mediterráneo antes del siglo II[1]. La Torá judía y la Biblia se hacen eco de ellas tanto en el Levante como en Egipto. El relato que se hace en el Libro santo habla de castigos divinos pero sus descripciones hacen visibles los daños producidos por diversas infecciones. La más conocida es la lepra, mal que se extendía por todo Mediterráneo Oriental. Historiadores y médicos griegos y romanos dejaron escritos con abundantes descripciones sobre  pestilencias de diversa índole. Veamos algunas de ellas[2].

Peste de los Hititas. Su conocimiento viene de fuentes de la época del rey Mursili II (1340-1310 a. C.). Afectó a todo tipo de clases sociales y tuvo una duración de 20 años pero no tenemos datos de sus síntomas y proceso[3].

(El imperio Hitita en el segundo milenio antes de Cristo. Fuente: Wiquipedia)

Peste de Atenas. Tenemos escasas noticias sobre esta enfermedad sufrida por la ciudad griega en el 584 a. C. En todo caso fue un episodio que no fue más allá de este lugar.

La plaga de Atenas[4]. Llega en el verano del 431 a. C. y la conocemos por Tucídides en su obra La guerra del Peloponeso. Procedente de Etiopia afectó al Imperio Persa y llegó a Grecia desde el Mar Negro por rutas comerciales. Las ciudades griegas se vieron especialmente afectadas. El historiador heleno habla de 100.000 muertes, entre un cuarto y un tercio de la población, sin embargo hay que tomar estas cifras con mucha precaución a falta de datos más concluyentes. Sobre la tipología de la enfermedad, afectaba al aparato digestivo y respiratorio, no hay acuerdo entre los investigadores aunque se han dado algunas hipótesis: peste, viruela y según algún trabajo de arqueología forense, tifus.

La peste de Agrigento. Poco conocida, se produce en el sitio a la ciudad griega de Agrigento en Sicilia por parte de un ejército cartaginés en el 406 a. C. Sus efectos provocaron el retraso en la conquista de la urbe por los púnicos. Los escasos relatos de la época hacen pensar en una epidemia local relacionada con un pequeño pantano cercano, posiblemente estemos ante brotes de malaria. Esta enfermedad, originaria en primates de zonas tropicales y ecuatoriales de África llegó al Mediterráneo y quedó como endémica en muchas zonas. La transmisión original se producía  por la picadura del mosquito anopheles siendo los meses estivales los más activos en contagios en lugares menos cálidos, en cambio donde se daban mayores temperaturas la estacionalidad se adentraba en el otoño.

La peste de Siracusa. Como su nombre indica, esta epidemia se presenta en la colonia griega de Siracusa situada en Sicilia, en el 396 a. C. Diezmó en gran medida al ejército cartaginés que acechaba esta población. La sintomatología era variada y los soldados morían entre el cuarto y sexto día desde su contagio.

A Roma llegaron muchas pestilencias desde el Este, entre ellas la lepra, además la ciudad sufría ataques anuales de malaria como consecuencia de las zonas pantanosas cercanas a ella. A medida que el imperialismo de sus dirigentes fue ocupando territorios y construyendo calzadas para el ejército y el comercio, los patógenos tuvieron unas vías más rápidas para extenderse por todo el entorno del Mediterráneo. El historiador latino Dión Casio (155-335 d. C.) nos habla de una epidemia en 22 a. C., que asoló la península Itálica. Relata otra en el 43 a. C., después de una erupción volcánica y el desbordamiento del Tiber (¿malaria?).  Suetonio (70-126 d. C.), Tácito, Orosio (circa 383-420 d. C.) y Celso (siglo I d. C.) hacen referencia a cierta epidemia en la ciudad eterna en el otoño del 65 d. C. que afectaba a todas las clases sociales y a todas las edades. En tiempos del Emperador Vespasiano se habla de una peste acaecida en el año 77 ó 78 d. C. según Suetonio, Orosio y San Jerónimo (circa 340-420 d. C.). El mismo Suetonio se hace eco de una plaga tras la erupción del Vesubio en 79-80 d. C. Durante el reinado de Adriano (117-118 d. C.) hubo hambrunas, pestilencias y terremotos. El citado Orosio nos habla de una epidemia que afectó al Norte de África en el 125 d. C., tras una plaga de langosta. Muchos de estos episodios epidémicos provenían efectivamente del Este pero otros se producían en el mismo entorno de Roma.

EPIDEMIAS Y PANDEMIAS EN LA ANTIGÜEDAD. SÍNTESIS DIVULGATIVA

Todas las pestilencias relatadas hasta ahora no dejan de ser episodios localizados en el tiempo y el espacio que no permiten hablar de grandes pandemias. Las más significativas son la ya citadas peste de los Hititas y la plaga de Atenas y posiblemente la última mencionada por Orosio. Los remedios aplicados eran siempre de tipo ritual-religioso en el sentido de considerar las plagas como un castigo divino, si bien hubo médicos como Hipócrates (c. 460-c. 370 a. C.) que se apartaban de estas creencias e intentaban estudiarlas como también curar a los infectados con los escasos conocimientos de la época. Para romanos y griegos estos males procedían del Este, de zonas más pobladas o más cálidas y con “muchos insectos”, como era Etiopía, explicación dada por el erudito griego Posidonio (135-51 a. C).

Tras esta breve introducción a las epidemias de la antigüedad nos ocuparemos ahora de las tres grandes pandemias que marcaron el devenir del Imperio Romano: la Peste Antonina, la Gran Epidemia de los Antoninos o Peste de Galeno (siglo II d. C.); Peste de Cipriano (siglo III d. C.) y la Peste de Justiniano (541-544 d. C.)[5].

La Peste Antonina aparece en el siglo II durante el mandato del Emperador Marco Aurelio y la actividad del médico Galeno (130-210 d. C.), que ya en 148 nos habla de una epidemia de ántrax en ciudades de Asia. Atacó con virulencia entre los años 164 y fines de este siglo y se observa un rebrote de ella en Roma en torno al 191 d. C. Un año antes de este período encontramos noticias de dicha enfermedad en la península de Arabia. Se expandió de Este a Oeste a través del ejército romano, que se encontraba en campaña contra los partos en Siria y Mesopotamia.

El Mar Rojo era una importante vía comercial entre Oriente y Occidente. La epidemia llegaría desde aquí a Asia Menor en 165 d. C. Al año siguiente la encontramos en Roma. Testimonios de ella la tenemos en Grecia, el valle del Nilo, el Norte de África, la cuenca del Danubio, La Galia, Germania, Hispania y Britania. Los confines de las costas gallegas y Escocia serían sus límites occidentales. Su extensión y morbilidad permiten hablar de una auténtica pandemia como antes no se había conocido[6].

(El Imperio Romano en siglo II d. C. Fuente: Wiquipedia)

El ya citado Galeno nos describe sus manifestaciones en el cuerpo humano. Fiebre, malestar, vómitos, diarrea con sangre, dolor de espalda, erupciones cutáneas, pústulas que podían degenerar en heridas y podían llega a cicatrizar, según la evolución de la patología, apareciendo entonces escamaciones. Llegados a este punto, los que no habían muerto sobrevivían a la batalla. La enfermedad venía a durar aproximadamente un mes en todo su proceso. Hasta el décimo o duodécimo día no aparecían los síntomas, de esta forma un infectado sin ellos podía contagiar a las personas cercanas. Aunque hay diversas enfermedades infecciosas que pueden dar reacciones similares se conoce con seguridad que la pandemia que tratamos aquí era viruela. Parece certero decir, incluso, que esta cepa procedería de un orthopoxvirus latente en una especie de ratones de África y que mutaría para entrar en humanos antes del estallido de la Peste Antonina. Se transmitía por la inhalación de pequeñas gotas expulsadas por la boca del infectado al hablar o toser. En la antigüedad se creía que las pestilencias viajaban en nubes invisibles, miasmas, que contagiaban al entrar en contacto con individuos sanos.

La mortalidad entre los infectados se situaba entre el 30-40%, es decir casi las dos terceras partes superaban la patología. La sufrían los muy jóvenes, con las defensas por desarrollar y los muy mayores, con defensas escasas. Los remedios aplicados eran diversos, desde sangrías que empeoraban la situación, bebedizos de plantas sin efectividad u otras más apropiadas como evitar el contacto con los enfermos y darles una buena alimentación. Aún así los poderosos podía morir como fue el caso del mismo Emperador Marco Aurelio (180 d. C.). Habría que indicar la incidencia de enfermedades endémicas que convivían con los humanos, malaria, trastornos diarreicos, resfriados, etc. que se sumaban a la llegada de la epidemia. Las condiciones higiénicas no ayudaban a la lucha contra ellas. Veamos un ejemplo. Los famosos alcantarillados de la ciudad eterna se limpiaban cuando llovía copiosamente, y esto no sucedía siempre convirtiéndolas así en focos de cultivos de gérmenes.

La pandemia fue un duro golpe para el Imperio pero no trastocó en demasía sus bases. Los dos primeros siglos de nuestra Era fueron los más fructíferos de Roma. Sus fronteras llegaron a ser inmensas y se había disfrutado de una relativa paz (la Pax Romana). Las campañas de Marco Aurelio en Germania parecen darnos un cambio de esta coyuntura. Ya nos hemos referido al efecto demográfico, sobre el total de población se puede cuantificar una disminución del 20%. Las zonas más afectadas fueron las grandes urbes, zonas rurales próximas y enclaves como el Delta del Nilo. La extracción de plata, útil para las cecas de moneda, sufrió un notable descenso pero fue un período de corta duración. A una disminución de población se unió un descenso de la recaudación fiscal aunque no en las proporciones de crisis futuras. El ejército se resintió al perder muchos efectivos, esta merma de efectivos militares en las fronteras provocó el incremento de la presión de pueblos próximos al Imperio, en el limes del Rin y el Danubio. Hacía el horizonte comenzaba a dibujarse la crisis del siglo III.

La Peste Antonina promovió el culto al dios Apolo. Esta divinidad griega es la más sincrética de la antigüedad clásica, relacionada con epidemias desde tiempo atrás su culto creció ahora en muchos lugares levantándose estatuas y templos[7]. El mencionado fenómeno lo veremos con otra religión y otra pandemia.

El siglo III fue una centuria de crisis. Todos los manuales y obras sobre el Imperio se ocupan extensamente sobre esta cuestión que tuvo connotaciones económicas, sociales, políticas y militares. La recuperación no significó una vuelta a la época anterior. Los cambios iniciaban un largo camino hacia la feudalización de la Edad Media, pasando por siglos convulsos que vieron el fin del poder romano en Occidente, la aparición de los primeros reinos europeos, la irrupción de los musulmanes… En definitiva, un nuevo marco geoestratégico en el Mediterráneo. La influencia de las epidemias así como los cambios climáticos han sido escasamente estudiados por la historiografía hasta épocas relativamente recientes. Ahora, gracias a los avances científicos de la propia Historia, de la paleobotánica, meteorología o la arqueología forense nos permiten conocer mucho mejor estos aspectos de Clío.

Las patologías que afectaron a la sociedad de la tercera centuria fueron varias, el sarampión o el tifus, por poner algún ejemplo. Sin embargo, la más mortífera fue la conocida por Peste de Cipriano, al ser este obispo de Cartago el autor que mejor ha descrito sus efectos. Originada en Etiopía se extendió por Asia Menor, Grecia, el Norte de África y Roma. La sintomatología nos la narra el prelado de esta forma: «Se iniciaba por un fuerte dolor de vientre que agotaba  las fuerzas. Los enfermos se quejaban de un insoportable calor interno. Luego se declaraba angina dolorosa; vómitos se acompañaban de dolores en las entrañas; los ojos inyectados de sangre. (…). Unos perdían la audición, y otros la vista.”       .

El inicio lo encontramos a mediados de siglo. El obispo de Alejandría habla de ella en el 249 d. C. y en 251 ya ha llegado a Roma. Su duración es incierta, Cipriano habla de 15 años aunque probablemente llegue al 270, año en que muere el Emperador Claudio de una pestilencia. A diferencia de otras enfermedades, ésta llegó en otoño y aminoró en verano. Todas las clases sociales, todas las edades y todas las localizaciones se vieron afectadas. La mortalidad fue muy elevada, el obispo de Alejandría ofrece un descenso del 62% de población aunque aquí entrarían los muertos por otras patologías y los huidos de la ciudad. La transmisión era directa de persona a persona o por objetos tocados por un enfermo como parecían deducir algunos contemporáneos a la pandemia.

Los datos ofrecidos por Cipriano, su estacionalidad, su extensión geográfica así como su origen y el miedo que provocó en la sociedad de la época hacen descartar infecciones como el sarampión, el cólera, el tifus, la viruela, gripe, incluso la peste negra que es citada en algún estudio como causante de la pandemia que tratamos. Las investigaciones más recientes apuntan a un tipo de filovirus, el Ébola[8].

La propagación de epidemias viene dada por la facilidad en las comunicaciones como ya hemos explicado en otro momento. La amplia red de calzadas del Imperio junto al movimiento de numerosos ejércitos y comerciantes era un camino fácil para ello. Los intercambios mercantiles por tierra, el interior de Asia, y por mar, Océano Índico, llegaban a extremo Oriente. La globalización económica en su dimensión propia de cada época trae la globalización de los virus y bacterias. Pero vamos a ocuparnos, aunque sea sucintamente, de otros factores que han cobrado importancia en las últimas décadas, nos referimos a los cambios climáticos[9].

El clima de cada zona viene determinado por fenómenos de carácter local y otros que afectan a la circulación atmosférica general y por lo tanto a todos los lugares de la Tierra con consecuencias diversas. Para el ámbito geográfico que nos ocupa tienen importante relevancia dos de ellos. La llamada Oscilación del Atlántico Norte (OAN), producida por la relación entre altas presiones del anticiclón de las Azores y las bajas de la depresión de Islandia. Su movimiento provoca lluvias abundantes y sequías al Norte o Sur del continente europeo. El otro vector se denomina El Niño u Oscilación del Sur (ENOS) que consiste en el calentamiento de las aguas orientales del Pacífico Sur el cual provoca inundaciones y graves sequías en diferentes partes del Globo. Para completar el conjunto cabría destacar el sistema de monzones del Índico que afecta a las fuentes del Nilo y Asia Menor[10]. Hasta mediados del siglo III el mundo mediterráneo se había regido en climatología por el llamado Óptimo Climático Romano (OCR) caracterizado por temperaturas benignas y humedad generosa. En los años de la Peste de Cipriano se produce un cambio con sequías prolongadas junto a descenso de temperaturas. La situación se “normalizaría” hacia el 260 d. C. pero esa nueva normalidad ya no sería el OCR, el clima de la segunda mitad de la centuria de la crisis y del siglo IV fue cambiante con épocas de sequía y otras lluviosas. El Norte de África, granero de Roma, se vio especialmente afectado pero también lo hizo en la reserva de la ciudad eterna, Egipto. El Nilo ya no fue tan predecible y los años de “vacas flacas” se multiplicaron según relatos encontrados en papiros de varias localidades de sus orillas. El desplazamiento hacia el Este de los monzones podría darnos la clave. Las acometidas del ENOS fueron numerosas durante las décadas que nos ocupan. Podríamos aplicar esta máxima para el OAN. Sequías e inundaciones, según las zonas, aparecían con mayor frecuencia.

Las malas cosechas producidas por un tiempo seco o cambiante provoca el encarecimiento de los productos de alimentación y un descenso de las nutrientes que debe ingerir la especie humana. La referida Peste de Cipriano estuvo favorecida por estas circunstancias. Kyle Harper nos explica muy bien esta relación entre epidemias y episodios climáticos:

Movimiento vector o huésped/cría (mosquitos, ratas)-Migraciones de subsistencia y hacinamiento en ciudades-Efectos nocivos de residuos y cadáveres-Desnutrición-Consumo de sustancias venenosas ante la falta de alimento-Resistencia inmunológica debilitada[11].

Si la Peste Antonina potenció el culto a Apolo la de Cipriano favoreció la expansión del cristianismo antes incluso de la inestimable ayuda que recibió esta religión con la conversión del Emperador Constantino en 313. Los seguidores de Cristo eran vistos ahora como personas que se ayudaban entre si y ayudaban a los demás sin miedo a la enfermedad. Además la nueva fe ya tenía hombres cultos que debatían con argumentos a los paganos como sería el caso del mismo Cipriano.

El Imperio se recuperó de la crisis del siglo III encarando la siguiente centuria con fuerza pero la situación, en todos los aspectos, no sería la misma. Desde Constantino, Oriente cobró más importancia económica y política que Roma. La nueva ciudad de Constantinopla fue con el tiempo la verdadera capital del Mundo latino. Cuando en 476 desaparece oficialmente el Imperio en Roma, con la destitución de su último césar, Rómulo Augústulo, por Odoacro, rey de los Hérulos, aquella urbe continuó como capital a salvo de las embestidas de los pueblos germánicos y de la crisis económica.

En paralelo a la desintegración del Imperio en Occidente y el nacimiento de los primeros reinos germánicos, Constantinopla vive una época de esplendor que llegará a su culmen con Justiniano I El Grande (483-565). Heredero y continuador de Roma intentó ampliar sus dominios y recrear el antiguo poderío latino, renovatio imperii romanorum.  Desde Asia Menor, la península helénica y Egipto extendió sus conquistas al Norte de África, Dalmacia, Sicilia, la península italiana, el Sudeste del reino Hispano-Visigodo de Toledo, Córcega, Cerdeña y las Islas Baleares.

(Imperio y conquistas de Justiniano. Fuente: Wikimedia Commons)

 

 

Las epidemias dieron una cierta tregua al Mediterráneo tras la plaga de Cipriano. Pero en el año 541 apareció con fuerza una enfermedad mortífera en el Norte de Egipto, la llamada Peste de Justiniano. Desde aquí se extendió a todo el Imperio e incluso más allá. El historiador bizantino Procopio (500-560) y el patriarca cristiano Juan de Éfeso (507-586) nos hablan de ella con profusión. Comenzaba con fiebre baja que iba aumentando con los días, enseguida aparecían bubones, especialmente en la ingle. Esta afirmación nos lleva directamente a la peste negra producida por el bacilo Y. pestis. En fases avanzadas los bubones reventaban y algunos pacientes sobrevivían. El debilitamiento con malestar general era otro síntoma que afectaba en mayor cuantía a los pobres. Además de los bubones aparecían por el cuerpo un sarpullido negro provocando la muerte en muy poco tiempo. Los animales, salvajes y domésticos, también se contagiaban y morían.

La Y pestis apenas se contagia entre humanos, es independiente de ellos, circunstancia que la hace más letal. Viene aportada por la pulga de la rata negra muy extendida en los barcos y graneros del Imperio. Antes de llegar ha recorrido un largo camino. El bacilo originario de la peste, según los estudios genéticos, se encontraría en la meseta del Tibet-Qinghai de China, en torno al primer milenio antes de Cristo. Portado por una pulga de la marmota o gerbilino pasaría a la rata negra y con ella, tras diversas mutaciones, entraría en los humanos y otros animales. Posiblemente llegó a las puertas del Imperio antes de Justiniano pero ahora lo hacía perfectamente preparado para provocar la terrible pandemia. Como ya hemos mencionado anteriormente, las buenas comunicaciones por tierra y mar del entorno del Mare Nostrum facilitaron la propagación de la rata negra, la rata de los  barcos. En 543 tenemos evidencias de la peste en Constantinopla y sobre el 544 en el Imperio Persa, al Norte del Danubio y el Rin, en Hispania, en Britania… La mortalidad se estima sobre el 50-60%.

La Peste de Justiniano, respecto a las enfermedades, inicia una serie de epidemias durante los dos siglos siguientes. Después del 544 tenemos brotes en Constantinopla: 558, 573, 586, 599, 619, 698, 747. Para Occidente observamos a grandes rasgos tres fases: Bizantina (542-600), pausa en el siglo VII (600-660) y fase Ibérica (660-749).

Una vez más el clima sería un factor a tener en cuenta. Los siglos VI y VII vivieron la llamada Pequeña Edad de Hielo de la Antigüedad Tardía caracterizada por un enfriamiento general en el planeta al recibir una menor insolación. Varios eruditos de la época hablan de un año sin verano (536 d. C.), menor brillo del Sol, resistencia a la maduración de los frutos, malas cosechas en Italia, migraciones hacia el Este, en China…Los archivos de los núcleos de hielo nos descubren esta aminoración del astro rey debido a erupciones volcánicas entre el 530 y el 540. Sin embargo, otros estudios de dendrocronología permiten fijar con precisión las fechas además de añadir una menor actividad radiación solar provocada por la misma estrella. Por su parte el referido en páginas anteriores OAN provocó corrientes húmedas que favorecieron el cereal en Anatolia pero perjudicaron seriamente a los olivos necesitados de más calor. Al mismo tiempo la aridez se extendía por el Norte de África[12].

El Mundo de Justiniano se tambaleaba a fines de su mandato. Los problemas con el Imperio Persa al Este, la aparición del poder musulmán, la llegada de pueblos eslavos al Danubio y la inseguridad de los primeros reinos germánicos marcaron una época turbulenta para el Mediterráneo y el resto de Europa[13]. El viejo continente se dirigía hacia el pleno feudalismo atacado por las pandemias y los cambios climáticos[14].

A MODO DE CONCLUSIONES. EL COVID-19

La historia de la humanidad conlleva la historia de sus enfermedades. Epidemias y pandemias las encontramos en los registros documentales de cada época, bien sean escritos, bien en análisis de huesos de tumbas u otros aspectos de la arqueología. Junto a ellas encontramos la acción del cambio climático.

A medida que las sociedades descubren la agricultura y la ganadería se hacen sedentarias. El control del agua permitirá el nacimiento de grandes ciudades con estructuras políticas y sociales más complejas. El comercio por un lado y las conquistas militares por otro interconectaban los diferentes colectivos por muy lejanos que estuvieran. Hemos tratado en este artículo el Imperio Romano y como hemos visto tenía intercambios con la lejana China y el interior de África. Por rutas terrestres y marítimas se movían los comerciantes, por las calzadas romanas lo hacían ingentes ejércitos. Con ellos viajaban las enfermedades. Las diferentes globalizaciones económicas implican globalizaciones víricas y bacterianas.

La lucha de estas sociedades contra los embates de la enfermedad era en gran parte religiosa, como así las causas que otorgaban a su aparición, “la ira de los dioses”, “la ira de Dios”. Otros motivos de carácter mágico podían ser la aparición de un cometa o la conjunción de varios astros. Sin embargo también hubo eruditos que aplicaban la razón para entender y combatir sus estragos. Desde el punto vista médico poco o nada se podía hacer: evitar el contagio, cuestión también difícil si no sabía el origen y forma de propagación de los patógenos, la buena alimentación, por eso algunas epidemias atacaban más a los pobres, sangrías, que empeoraban al paciente, o hierbas medicinales de escasa efectividad.

El cambio climático es un vector que acompañaba e incluso favorecía la propagación de los males del cuerpo. En la época estudiada eran fenómenos naturales que podían originarse a miles de kilómetros de estas sociedades. Con los vaivenes de la atmósfera venían asociados otros factores perturbadores como las referidas plagas de langosta. Las sequías provocadas por la falta de lluvias eran perniciosas pero también lo eran cuando las precipitaciones eran demasiado abundantes: inundaciones, rotura de presas y canalizaciones, pérdida de cultivos. En una agricultura poco tecnificada las variaciones de temperatura afectaban seriamente a diferentes cultivos.

Pandemias y climatología vistas aisladamente no explican los cambios históricos pero son elementos cada vez más importantes en cualquier estudio de esta ciencia. En este sentido hemos querido dar unas pinceladas a la luz de las últimas investigaciones.

En el momento de escribir estas páginas estamos asistiendo al ataque de un virus, el COVID-19. La Historia no se repite pero conocer el pasado nos puede ayudar a entender mejor el presente. El coronavirus que nos golpea proviene, casi con toda probabilidad, de una mutación en animales del Este de Asia que le ha permitido entrar en los humanos. Este proceso no es nuevo como ya hemos visto. Igualmente tenemos sobre nuestras vidas el cambio climático, pero esta vez la acción del hombre es decisiva para que éste se produzca.

A pesar de las muertes que estamos sufriendo por esta enfermedad hoy estamos mejor preparados para la resistencia. La medicina está muy avanzada, la vacuna es cuestión de tiempo. Pero también está en nuestras manos parar el cambio climático que nosotros mismos hemos activado. Las deforestaciones de muchas zonas de la Tierra así como la disminución del plancton marino permiten la acumulación de CO2 en la atmósfera. Los episodios de El Niño o la Oscilación dl Atlántico Norte no los controlamos pero podemos prepararnos mejor y al menos no contribuir a sus consecuencias perniciosas.

Sufrimos igualmente los efectos económicos de la pandemia.  La recuperación no puede venir sin las ayudas necesarias a las poblaciones más desfavorecidas y sin la cooperación internacional. Actualmente asistimos a plagas de langosta en el Este de África que provocan hambrunas. La macroeconomía, la bolsa deben recuperarse pero no hemos de permitir la muerte de seres humanos por falta de alimentos o medicinas para patologías que tienen cura. En nuestras manos está la solución.

Alcoletge, 4 de Mayo de 2020

[1] Hacemos una pequeña introducción sobre noticias de plagas antes del siglo II de nuestra Era sin profundizar en ellas ya que hemos fijado anteriormente la cronología del presente artículo

[2] Referencias a estas enfermedades las tenemos en la bibliografía que reflejamos en las diferentes notas a pie de página. La terminología concreta sería la de pestilencia pero utilizamos varios sinónimos para evitar reiteraciones

[3] Sobre esta epidemia ver  BERNABÉ, A. y ÁLVAREZ-PEDROSA, J. A., Historia y leyes de los hititas. Textos del Reino Medio y del Imperio Nuevo, Madrid, 2004.

[4] Una excelente descripción de esta epidemia y sus posibles agentes la encontramos en el siguiente artículo https://scielo.conicyt.cl/scielo.php?script=sci_arttext&pid=S0716-10182011000500013

[5] Un resumen de estas pandemias las podemos seguir en GONZALBES CRAVIOTO, E. y GARCÍA GARCÍA, I.: Una aproximación a las pestes y epidemias de la antigüedad, en Espacio, Tiempo y Forma, Serie II, Historia Antigua, t. 26, 2013, Madrid, pp 63-82.

El desarrollo más actual y metódico se encuentra en HARPER, Kyle, El fatal destino de Roma. Cambio climático y enfermedad en el fin de un Imperio, Crítica, Barcelona, 2019. El autor se adentra en la importancia de las enfermedades y el clima para explicar la decadencia del Imperio Romano. Nuestra exposición sigue básicamente a este erudito.

[6] Inscripciones en lápidas, papiros y relatos bibliográficos permiten seguir esta expansión. Camino que seguía el médico Galeno hasta Roma, es decir, huía de la enfermedad a medida que esta iba avanzando.

[7] A este renacer de Apolo contribuyeron los relatos que mencionan a al coemperador Lucio Vero y su general, Avidio Casio saqueando la ciudad de Seleucia (ciudad siria junto al Tigris) provocando de esta forma la emanación de un “vapor nocivo” del templo dedicado al dios griego. HARPER, K., op. cit., pag. 127.

[8] Para seguir las investigaciones que descartan las enfermedades citadas y que concluyen en el Ébola ver HARPER, K.: op. cit. Pp. 170-180

[9] Desde los estudios de referencia de Le Roy Ladurie sobre historia del clima en épocas Medieval, Moderna y Contemporánea: Histoire di climat depuis l’an mil, Flammarion, Paris, 1983, las investigaciones sobre esta cuestión en todas las etapas cronológicas se han multiplicado. Para los interesados en el tema citamos alguna obra reciente en la cual es posible rastrear nuevas publicaciones. BRASERO, R.: La influencia silenciosa. Como el clima ha condicionado la historia, Espasa, Barcelona, 2017. URIARTE, A.: Historia del clima de la Tierra, Géminis Papeles de Salud, Madrid, 2010.

[10] No es objeto de este artículo exponer con amplitud la influencia del clima en la Historia del entorno mediterráneo, esta será una cuestión para un próximo estudio divulgativo, no obstante hablamos mínimamente de los fenómenos referidos para enlazarlo con las pandemias de la época

[11] Op. cit. P. 213

[12] Para ver las consecuencias en cada zona: HARPER, K: op. cit. Pp. 304-321

[13] El mundo tardorromano, Bizancio y la Alta Edad Media han sido tratados en numerosas obras, señalamos aquí dos estudios recientes de estas épocas: HEATHER, P.: Emperadores y bárbaros. El primer milenio de la Historia de Europa, Crítica, Barcelona, 2018.  SOTO CHICA, J.: Imperios y bárbaros. La guerra en la Edad Oscura, Desperta Ferro Ediciones, Madrid, 2019.

[14] Las teorías más seguidas hasta el momento hablan de una larga transición hacia el feudalismo que tendría sus orígenes remotos en la crisis del siglo III y evolucionaría hasta su plena instauración en el siglo X. El historiador francés Guy Bois mantiene, sin embargo, que no fue una larga evolución sino una ruptura global que cambió Europa en poco tiempo: La revolución del año mil, Crítica, Barcelona, 2015.

La Cuarentena del embajador de Turquía.

La Cuarentena del embajador de Turquía.

Un ejemplo de cuarentena durante la epidemia de malaria de 1787.

EL 25 de julio de 1787 llegó al puerto de Barcelona el embajador de Turquía. Siguiendo las ordenes del momento , el embajador no podía pisar tierra firme sin haber hecho antes la cuarentena , por lo cual se tuvo que dirigir al lazareto de Barcelona , el cual tuvieron que arreglar  rápidamente para poder albergar al ilustre personaje.

 

El desembarco fue presidido por El Capitán general de Cataluña, Conde del Asalto, a quien acompañaban el gobernador , los comisarios y miembros de la junta de Sanidad con sus subalternos.

 

El embajador se instaló en la tienda marquesina construida para mejorar el aspecto del recinto y hacerlo más cómodo, se le suministró al embajador una poltrona y se le hizo un palco adornado con lienzos blancos, desde donde podía escuchar a sus músicos más cómodamente.

Entrada del embajador turco en Barcelona, 1787.

La Cuarentena del embajador de Turquía.

Al embajador se le rebajó la cuarentena de 50 a 30 días, se le permitió dar un paseo, siempre tomando las debidas precauciones   “.. . Se le permite al embajador salir a dar un paseo hasta la orilla del mar en donde salió sacando primero los guardias  exteriores, por dos caballos de la línea exterior , por donde salió con mucha comitiva y llegando a la orilla estuvieron media hora bañándose….”

 

Entre su propio séquito, se organizaban diferentes juegos con el fin de “matar el aburrimiento“, uno de ellos esta muy bien explicado en los documentos de sanidad “…. a las 6 salieron de la casa unos diez turcos con unos palos de vara y media siendo la parte superior del grueso, poco menos, del diámetro de una peseta rematando en puntiagudos ; cuios turcos se dividieron en dos partidos, alargándose unos cincuenta pasos unos de otros, y en presencia del Sr. Embajador que estaba en la tienda empezaron un juego tirándose con la maior rapidez los palos unos contra otros, que duró como una media hora tirando con bastante acierto, y reparando los contrarios los golpes que muchas veces no podían impedir….”

 

El número de curiosos procedentes de la ciudad que se acercaba al lazareto para ver al embajador turco era enorme, lo que obligó al Conde del Asalto a incrementar las medidas de vigilancia exterior, elevando el número de “caballos” de forma que pudieran cercar totalmente el recinto de cuarentena.

 

Finalmente el día 22 de Agosto concluyó la cuarentena sin mas novedades. Una vez realizada la visita de tacto acostumbrada, por el médico y el cirujano de Sanidad, el embajador salió a caballo escoltado por su séquito.

SANT JORDI 2020

0

SANT JORDI 2020

¡Feliz Sant Jordi!

Este año no podremos acompañaros desde nuestra carpa de Rambla de Cataluña con Plaza Cataluña como estos últimos años. A pesar del confinamiento, hemos querido celebrar con vosotros este día poniendo algunos enlaces de libros recomendados. ¡Feliz día del libro y de la rosa!

 

PANDEMIAS Y REFORMAS. LÉRIDA Y LA EPIDEMIA DE MALARIA DE 1783.

PANDEMIAS Y REFORMAS

LÉRIDA Y LA EPIDEMIA DE MALARIA DE 1783.

Entre 1783 y 1786 una epidemia de malaria asoló el este y el sur español infectando a un millón de personas y matando a unas cien mil. Sus primeros brotes aparecieron en Lérida en 1783.

Ante la gravedad de la situación, el gobernador conde de Lannoy y el ayuntamiento de la ciudad crearon una Junta de Sanidad con el objetivo de averiguar las causas y el tipo de enfermedad. Del trabajo de ese grupo de médicos resultó un informe donde se enumeraban nueve posibles causas de la pandemia, que, aunque no pusieron solución a la enfermedad (los primeros avances en la cura de la malaria no serían hasta 1880), si que detectaron algunos de los motivos de la expansión de esta.

PANDEMIAS Y REFORMAS. LÉRIDA Y LA EPIDEMIA DE MALARIA DE 1783.

Por un lado, y de la misma manera que sucede ahora, el hacinamiento fue uno de los motivos de la expansión de la malaria y el otro más importante, siempre según este informe, fue la calidad del agua. El documento, demoledor, retrataba una Lérida sucia e insalubre: Estercoleros en medio de la ciudad, cloacas a cielo abierto, sin red de agua potable, con agua sucia vendida por aguadores que la recogían de un rio contaminado por desechos de la industria olivarera, con un barrio jornalero superpoblado (el Canyeret), con cementerios interiores colapsados y malolientes… en definitiva, la descripción de una ciudad sobrepoblada e insalubre.

Ciertamente, la proliferación de malaria tuvo detonantes naturales. El clima cambiante de aquellos años con ciclos de sequía e inundaciones los humedales y el calor, facilitaron que los mosquitos abundaran. Pero fue el hacinamiento y la suciedad lo que provocó una rápida propagación del paludismo.

Como decía, el informe entraba hasta en los mínimos detalles intentando buscar el motivo de la “peste” como se la denominaba entonces, llegando a observar que buena parte del vino que se comercializaba estaba adulterada con cal “para darle cuerpo”, pero básicamente se centraron en tres causas principales: hacinamiento, necesidad de agua limpia y necesidad de una red cubierta de aguas negras.

Con los resultados en la mesa, Lannoy primero y su sucesor el marqués de Blondel después, pusieron en marcha en tiempo récord una serie de proyectos constructivos para paliar estas deficiencias. El más importante de todos era la construcción de un depósito de aguas con capacidad para 8677,14 m3 de agua con una red de distribución de aguas mediante canales subterráneos y fuentes que la repartía por toda la ciudad.

Las obras empezaron el 20 de marzo de 1784 y en octubre de 1787 ya estaban inauguradas. Aprovechando las tareas de construcción, se urbanizó y modernizó la zona surgida del nuevo depósito, conocida como el «pla de l’aigua»,  reubicando a parte de los jornaleros que malvivían en el barrio del Canyeret.

El agua consumida era limpia, e incluso los más pícaros conectaron con la red principal que proveía a las fuentes para instalarse agua corriente en casa. Las cloacas se enterraron, se multó el arrojar suciedades desde los balcones y, en definitiva, la higiene surgida de la combinación de una fuerte inversión en infraestructuras públicas y una legislación más dura, ayudaron a contener y evitar nuevas pandemias.

LA EPIDEMIA DE FIEBRE AMARILLA DE BARCELONA EN 1821

 LA EPIDEMIA DE FIEBRE AMARILLA DE BARCELONA EN 1821

En 2021 se cumple el bicentenario de la epidemia de fiebre amarilla, que acabó con la vida de entre 18.000 y 20.000 barceloneses, que equivalían a la sexta parte de la población de Barcelona, durante los meses de agosto a diciembre de 1821. Si bien el brote inicial se produjo en Barcelona, la enfermedad también se cobró víctimas en ciudades portuarias como Tarragona, Tortosa y Palma de Mallorca. La fiebre amarilla es una enfermedad viral y contagiosa procedente de zonas cálidas, que se transmite por la picadura del mosquito aedes aegypti, y en aquella época era conocida como el vómito negro, o la plaga americana.

         Debido a que los primeros afectados eran trabajadores del puerto de la ciudad, se averiguó que la enfermedad llegó a bordo del barco Gran Turco, que había llegado desde desde Cuba. Su capitán reconoció que había perdido a varios de sus marineros durante la travesía, y por lo visto al subir al barco los calafates para realizar reparaciones, fueron rápidamente atacados por el virus, muriendo poco después. A principios de septiembre las autoridades  decidieron hundir los barcos sospechosos de estar infectados.

        En la fase inicial de propagación de virus, la mayoría de los afectados se restringieron a la zona de la Barceloneta, pero rápidamente el brote se expandió por toda la ciudad. Cuando los primeros casos se reducían ese barrio portuario, en el que vivían personas con escasos recursos económicos, el avance de la enfermedad quedó bastante desapercibido, pero cuando afectó a las clases más pudientes enseguida cundió la alama, y se acusó de negligencia a las autoridades municipales y gubernamentales, por no haber advertido a la población, y por no haber tomado las medidas necesarias para evitar su propagación. El cruce de reproches también afectó a la clase médica, porque mientras unos defendían el origen tropical de la epidemia, otros creían que se debía a la existencia de pozos de agua contaminados, la distribución de alimentos en mal estado, o la misma suciedad que imperaba en el puerto. Esta disparidad obedecía que por aquel entonces la enfermedad era difícil de diagnosticar, y muy fácil de confundir con otras enfermedades más comunes en la época, como tifus o las fiebres asociadas a ictericia. Como suele ocurrir en situaciones de extrema gravedad, los médicos que acertadamente sostenían que la enfermedad era contagiosa, fueron acusados de alarmistas.

         El alcalde José María Cabanes d’Escofet que decidió permanecer en la ciudad, creó la Junta Superior de Sanidad, pero no pudo evitar que el pánico se extendiese por toda Barcelona, y los ciudadanos más pudientes se fueran a sus casas de veraneo, mientras que los más pobres se instalaron a la intemperie en las faldas de la montaña de Montjüic. Se dictaron ordenanzas que obligaban a los médicos y a los farmacéuticos a permanecer en la ciudad, y se suspendieron todas las corridas de toros, que eran los grandes acontecimientos de masa de la época.

         Cada día morían cientos de personas, y para evitar la expansión de la enfermedad por toda Cataluña, la ciudad entera quedó confinada, destacándose a policías que evitaban las salidas en todos los caminos y carreteras. Este aislamiento de Barcelona, unido a la escasa movilidad interior de las personas que transportaban los alimentos a los mercados, porque estaban enfermas o porque no querían salir a la calle por miedo a ser contagiados, condujo a una escasez de víveres que agravó la situación. Además se clausuraron pozos que se sospechaba contaminados. Evidentemente ante la escasez de agua y de alimentos, y el miedo asociado a la enfermedad, se empezaron a producir importantes desórdenes públicos y saqueos de comercios y propiedades, que requirieron la movilización de una milicia de tres mil hombres, que al establecer contacto físico con portadores de la enfermedad, murieron la mitad de ellos, al margen de otros que también perdieron la vida, durante los enfrentamientos que se produjeron aquellos días.

         La noticia de la epidemia de Barcelona y la gran mortandad que estaba causando, recorrió todo el continente. Vinieron comisiones de médicos de toda Europa que forzaron a cambiar las leyes sanitarias. Por su parte el gobierno francés además de cerrar la frontera, para prevenir la llegada de refugiados, emplazó a quince mil soldados a lo largo de todo el Pirineo.

         Se iniciaron campañas de recaudación de alimentos y dinero para las zonas afectadas. En noviembre la epidemia gradualmente disminuyó, y con el inicio del frío invernal finalmente cesó por completo. El puerto de Barcelona se reabrió el día de Navidad. Sin embargo también en el segundo semestre de 1870, se produjo un segundo brote de fiebre amarilla en la Ciudad Condal, que esta vez se cobró la vida de 1.235 barceloneses. Evidentemente con la mala experiencia de 1821, las autoridades de la ciudad ya sabían como responder, para evitar la propagación masiva de una enfermedad que ya era conocida.

EL ASEDIO DE LÉRIDA DE 1646. Parte 1. LA CAMPAÑA DE SOCORRO DE 1646

EL ASEDIO DE LÉRIDA DE 1646. Parte 1
LA CAMPAÑA DE SOCORRO DE 1646
La batalla de Sant Llorenç y la caída de Balaguer eliminaron de golpe el grueso del ejército felipista que había derrotado los franceses el 1644. La pérdida de cinco tercios completos en la batalla y la rendición de miles de hombres en la capital de la Noguera habían reducido en más de un 50% los efectivos españoles. Dada la situación, 1646 se presentaba nefasto para la causa de Felipe IV y el frente catalán se sumaba al flamenco dentro de la serie de desastres militares que oprimían la monarquía hispánica.
El día 10 de mayo, poco antes del inicio formal del asedio de Harcourt sobre Lérida, una carta de Luis Méndez de Haro nos ofrece una imagen muy aproximada del desastroso estado del ejército de Cataluña . Según el ministro únicamente se disponía de las guarniciones.


Sin ejército, dinero ni víveres era prácticamente imposible oponerse al avance del conde de Harcourt. En su reveladora carta, Haro se muestra pesimista ante la posibilidad de enviar ayuda en la capital del poniente catalán. Según él, harían falta 12.000 hombres de pie y 4000 caballos para esta misión, y en el Aragón tanto solo había 5000 de infantería y 3000 de caballería. Aunque se hubiera tenido conocimiento exacto de las intenciones no se habría podido reaccionar.


Además de la carestía de medios, el ministro castellano planteó una serie de inconvenientes estratégicos que había que tener en cuenta en caso de enviar una expedición de auxilio. Si se avanzaba un ejército en Lleida, un contraataque francés contra Torres de Segre o la Granja de Escarpe lo tendría bastante fácil para dejarlo copado.