La Guerra por el Mezzogiorno (1860-1870)

La Guerra por el Mezzogiorno (1860-1870)

de Carmine Pinto

 

En 1861 la guerra por el Mezzogiorno fue la primera guerra de la Italia unida. Dos años antes, la política el conde di Cavour había cambiado para siempre el equilibrio de la península. En 1860 el triunfo de Garibaldi en Sicilia completó la revolución risorgimentale. Cuando el joven rey de Nápoles, Francisco II, dejó la capital de Reino de las Dos Sicilias, la patria parecía terminada. La victoria garibaldina en Volturno, con el plebiscito y la llegada de Vittorio Emanuele II, parecieron consentir una rápida transición para conformar el nuevo Estado. En cambio, no fue así. En las provincias napolitanas continuó un largo y sangriento conflicto, que no tuvo paragón con ninguno de los antiguos estados italianos, ni siquiera en Sicilia (ni en Lazio y Veneto en las fases sucesivas de la unificación).

En el Mezzogiorno el movimiento nacional italiano combatió una guerra política, militar e ideológica en contra del borbonismo y el brigantaggio. Se trataba en realidad, y principalmente, de la última etapa del antiguo conflicto civil que por más de medio siglo había dividido el antiguo reino. En 1799 en las provincias napolitanas habían combatido la más feroz de las guerras civiles en la historia del Risorgimento. Desde ese entonces, hasta 1860, midieron sus fuerzas proyectos de estado, organizaciones políticas y programas de soberanía alternativos, que fragmentaron el estado meridional y la sociedad entera.

Revoluciones y contrarrevoluciones tuvieron continuo desarrollo sin una mediación entre la monarquía borbónica y la oposición política (constitucional napolitana y liberal-autonomista siciliana). En el 1849 falleció el último tentativo constitucional del reino. Fue así que en el 1860 la revolución nacional encontró y absorbió el conflicto civil meridional. En la península, el movimiento risorgimentale italiano en su totalidad (con un fuerte componente meridional) chocó con el componente borbónico-legitimista de las provincias napolitanas en una intensa guerra de ideas y de propaganda, en la cual los aspectos políticos e ideológicos fueron más relevantes, respecto de aquellos militares.

La guerra por el Mezzogiorno movilizó también aliados en la península y en Europa, involucrando naciones, intelectuales, grupos políticos e instituciones religiosas, entrelazando a la vez la questione romana con el amplio diseño que perseguía como objetivo último la consolidación de la unidad. A nivel operativo, en cambio, el choque se transformó en una complicada y sangrienta guerra de brigantaggio. Las bandas conformadas por borbónicos y por grupos criminales que se unieron a ellos, fueron afrontados por el nuevo ejército italiano y por las fuerzas civiles unitarias meridionales. Hasta el 1865 el brigantaggio mantuvo los elementos de politización, sostenidos por la conspiración borbónica. En la fase siguiente, por el contrario, se multiplicó su carácter criminal. El movimiento unitario, dividido por la competencia entre moderados y garibaldinos, se mantuvo compacto en contra de borbónicos y brigantes, determinando así la derrota decisiva y radical del enemigo. La guerra por el Mezzogiorno estableció, de esta manera, las originales y complicadas condiciones del ingreso del antiguo reino de Nápoles a la nación italiana.

 

La guerra por el Mezzogiorno es un libro:

 

Carmine Pinto, La guerra per il Mezzogiorno. Italiani, borbonici e briganti (1860-1870)

 

https://www.ibs.it/guerra-per-mezzogiorno-italiani-borbonici-libro-carmine-pinto/e/9788858135310

 

 

José Salvany y Lleopart y la expedición filantrópica de la vacuna.

José Salvany y Lleopart y la expedición filantrópica de la vacuna.

En estos días de confinamientos y pandemias los españoles de a pie, entre los cuales me encuentro, estamos viendo y viviendo escenas que jamás hubiéramos soñado. Calles vacías, estanterías más vacías todavía, carreteras sin coches, fronteras cerradas y el ejército en las calles. Una situación que el presidente Macron no ha dudado en calificar de guerra.

Es una crisis global que ahora está azotando Europa con inusitada virulencia pero que no ha sido la única que se ha vivido en España ni posiblemente será la última. Habrán observado que la operación de despliegue por parte de las fuerzas armadas para paliar la crisis sanitaria recibe el nombre de “Operación Balmis”, en honor al médico de Carlos IV que en 1803 propuso, organizó y lideró una expedición pionera en la historia. La expedición filantrópica de la vacuna.

Cuando Balmis le propuso al rey financiar una expedición para vacunar contra la viruela en los territorios de ultramar, este no dudo en facilitar todo lo necesario para la expedición. Una de las causas, con toda probabilidad, fue el hecho que hacía poco tiempo su hija María Teresa había sucumbido a la viruela. La Infanta tenía solamente tres años y muy probablemente el rey supo valorar en primera persona la propuesta humanitaria de su médico.

El alicantino Francisco Javier de Balmis, además de ser médico del rey, era cirujano castrense y quiso contar como su segundo a un joven médico militar, el catalán José Salvany y Lleopart, nacido en Cervera en 1778.

Salvany era un excelente cirujano y un médico abnegado, pero de débil salud. Pese a todo, no dudo en aceptar la oferta de Balmis embarcándose en el puerto de La Coruña el 30 de noviembre de 1803.  Ya en la corbeta María Pita pusieron rumbo a las Américas con un grupo de monitoras y huérfanos mayoritariamente gallegos que hicieron de portadores de la vacuna.

Como subdirector de la expedición y con la intención de vacunar lo más rápido y masivamente posible, Salvany se separaba de Balmis en abril de 1804 con un grupo de niños expósitos. Mientras alicantino se dirigía a México con parte de la expedición, Salvany se encargaría de proseguir en la actual Colombia para así ir abarcando toda Sudamérica.

Ya en el continente sufrieron un naufragio que no impidió que se dirigieran a Cartagena de Indias para empezar su campaña de inoculación. Las jornadas de trabajo agotadoras, el clima y la débil salud del médico catalán fueron haciendo mella en él mientras proseguía incansablemente en su propósito de inmunizar el máximo posible de personas.

Desde 1805, cuando empezó a enfermar, hasta su muerte en Cochabamba el julio de 1810, nuestro héroe padeció de fiebres, tuberculosis con vómitos de sangre, difteria, malaria, perdió la visión de un ojo y la movilidad en una mano, pero aun así continuó vacunado hasta que dejó este mundo con sólo 34 años.

Este olvidado médico militar catalán (ni tan solo tiene una calle en su Cervera natal) quería haber llegado a Buenos Aires cuando la muerte le sobrevino en la actual Bolivia. No consiguió llegar a su destino, pero había recorrido 18.000 kilómetros, vacunado a centenares de miles de personas (197.004 sólo en el alto Perú) y estimulado la vacunación de un millón más salvando innumerables vidas.

LA CONQUISTA DE GRANADA POR LA CORONA CATALANO ARAGONESA Y OTROS MITOS (1482-1492)

Uno de los hechos más trascendentales de la historia de España, y probablemente de Europa, fue la toma de Granada el 2 de enero de 1492 por los Reyes Católicos. Dicho hecho puso fin al proceso, discontinuo pero constante, de la Reconquista, que tan profunda y ricamente marcó el devenir histórico de la Península, haciendo de la nuestra una historia cargada de singularidad en el contexto europeo. Es por ello comprensible que asistamos a un debate intenso en los últimos años acerca de cuestiones interpretativas o incluso semánticas relacionadas con este periodo, bastante desprovistas de interés histórico, aunque bien cargadas de peso ideológico y político.

La manipulación de la Historia es un arma bien conocida y utilizada con maestría por los regímenes tiránicos y despóticos de cualquier signo, debido a la sólida carga de autoridad que proporciona. El desprecio a la Historia por su dificultad y complejidad responde en la mayoría de los casos a un cierto miedo a su desconocimiento por la inferioridad intelectual en la que queda el ignorante frente al sabio. Y en el campo del totalitarismo intelectual, el nacionalismo catalán no ha quedado atrás, a través de organizaciones como el Institut Nova Historia, que busca de manera manifiesta la manipulación de esta disciplina para reforzar el discurso nacionalista a través de una apropiación sistemática de hechos y personajes.

Como en cualquier actividad, el error en la interpretación de la Historia es una posibilidad siempre presente, y cabe hacer una lectura inexacta de datos, disponer de información inadecuada o no disponer de los conocimientos necesarios. Y para ello existe el debate historiográfico, herramienta para el contraste y la corrección. Sin embargo, cuando la Historia se falsea de manera intencionada pasamos del error al fraude, hecho revestido de especial gravedad por sus consecuencias.

El día 26 de enero de 2020 aparece publicado un artículo en su sitio web titulado: “La conquista de Granada por la corona catalano-aragonesa (1482-1492). 2ª parte: el rey considera suya la conquista”, en el que se defienden dos ideas fundamentales: la primera, que la guerra y la consecuente toma de Granada fue obra protagonizada por Fernando el Católico, y más concretamente por el legendario reino de Cataluña; la segunda, que el papel del Reino de Aragón en la empresa ha sido ocultado de manera intencionada. El conjunto de inexactitudes, datos erróneos y manipulaciones proporciona un texto difícilmente sostenible, y al que es conveniente dar respuesta en defensa del decoro profesional del historiador. Y para ello, y sin ánimo de ser exhaustivos, vamos a hacer un somero análisis de las fuentes expuestas, la solidez lógica de los argumentos y vamos a proponer de manera fundamentada puntos de vista alternativos.

La autora, Montse Montesinos, continúa en éste un primer artículo titulado “La conquista de Granada por la corona catalano-aragonesa (1482-1492). 1ª parte: las cartas del rey”, que a su vez se apoya con firmeza en un artículo anterior, también firmado por ella, que se titula “La conquista de Granada según el ´Tratado de armo´ de Jaume Ramón Vila”1. Podría decirse que se trata de una trilogía a través de la que pretende demostrar que el rey Fernando hace suya la conquista. Y no es para menos, pues suya fue también, y no en vano desempeñó un papel activo tanto personalmente como mediante los medios disponibles que aporta para la campaña, procedentes principalmente de su propio bolsillo como afirma Enrique Martínez Ruiz en el artículo titulado “Los ejércitos en tiempos de Isabel I”2, donde dice que “también contaban los soberanos con las fuerzas de la Hermandad, de caballería e infantería, a las que el Rey Católico pensaba por entonces convertir en la base de su ejército permanente para no depender de las Cortes ni de la nobleza en sus compromisos militares”. La autora afirma en el párrafo introductorio de este último artículo que: “El historiador Jaume Ramon Vila defiende otra versión de la conquista de Granada y de Andalucía en general”. Se trata de un heraldista que murió en 1638 próximo a los 70 años de edad. En su citado “Tratado de armo”, recoge un enorme número de escudos de armas, entre los que se encuentra el del rey Fernando, que incorpora una granada en la punta, pues junto con su esposa Isabel incorpora el reino homónimo a la corona tras la conquista, en 1492. No es, por tanto, comprensible la sorpresa ante el descubrimiento de que el rey que “tanto monta monta tanto” junto a su esposa se considere rey de Granada a partes iguales. Esta sorpresa se diluye cuando se comprende que la política de los Reyes Católicos expresada a través de su lema mantiene la separación entre los reinos y la independencia de sus instituciones, pero hace a ambos soberanos en todos los reinos de España. Por ello, en el escudo del tratado de armo aparecen también los símbolos de Castilla y de León (junto al de Aragón y Sicilia), sin que la autora haga aspavientos, lo que fundamenta nuestro argumento.

A lo largo de los artículos a los que nos referimos aparece recurrentemente como argumento la idea de que la Historia ha ocultado de forma sistemática la participación del reino de Aragón en la campaña que condujo al final definitivo de la Reconquista. Y lo cierto es que, no sólo no lo ha ocultado, sino que no existe una obra de consulta en la que no se mencione explícitamente la participación del rey Fernando en la campaña. En el sistema feudal, la fuerza del señor depende de las aportaciones y servicios de sus vasallos, elemento diferencial de primer orden con respecto al posterior estado moderno, en el que finalmente el rey ejerce de manera efectiva su dominio en todo el reino. Por tanto, es impensable una actuación del rey católico como caballero andante y guerrero singular, antes bien irá necesariamente acompañado de sus huestes, aunque el grueso de la campaña recaiga en Castilla, como es bien sabido. Así, podemos poner como ejemplo obras de consulta fácilmente asequibles para cualquier estudiante universitario, como pueden ser el “Atlas Histórico de España” de Enrique Martínez Ruiz3  (págs. 133 a 135), el volumen titulado “Historia Moderna” de Domínguez Ortiz4 (págs. 63 a 65), o el de “Edad Media” de Ladero Quesada5 (págs. 920 a 922), éstos últimos de la colección de Historia Universal de Vicens Vives.

Julio Valdeón recoge en la introducción a la monografía dedicada a los Reyes Católicos de los Cuadernos de Historia 166 cómo el hispanista francés Pierre Vilar afirma que la unión matrimonial de los Reyes Católicos produce la unión de las coronas, y que “desde entonces sólo se utilizará en el extranjero la expresión rey de España”. Esta misma monografía recoge datos muy útiles para entender la naturaleza de la campaña granadina. Por ejemplo, que “el esfuerzo principal recayó en los grandes concejos de la Andalucía Bética, sin olvidar a los del reino de Murcia y, en segundo lugar, a las huestes nobiliarias”, lo que explicaría que los nombres aún presentes en buena parte del patrimonio granadino hagan referencia a casas nobles andaluzas de la talla del Conde de Tendilla, que recibiría el poder civil y militar en la plaza, a la par que fray Hernando de Talavera se convertía en arzobispo. El mismo autor afirma que el reino de Granada sería adscrito a Castilla por considerarse dentro del área natural de expansión de ésta. Y no sería de extrañar que, estando unidas ambas coronas, Fernando considerase suya esta conquista, como de hecho lo fue, como demuestra el ya citado escudo de armas.

En definitiva, el argumento victimista que defiende la autora mencionada no responde a la realidad, sino a una serie de consideraciones arbitrarias y opiniones carentes de soporte, ya que parten de la premisa de una Cataluña aislada del devenir del resto de España, lo cual no es en absoluto cierto. Es de agradecer su defensa involuntaria de esta colaboración inevitable e innegable. Una vez más, proporciona pruebas de su propio error en el análisis toponímico de la costa andaluza. En unos casos, el pretendido origen catalán es dudosamente aceptable: Isleta, Algarroba (de origen persa, hace referencia al fruto alargado el algarrobo), etc. Los topónimos que hace referencia a Rábita o Rábida, tienen su origen en las defensas costeras establecidas en época califal  frente a las incursiones vikingas, que llegaron a remontar el Guadalquivir, y que recibieron la denominación de “ribat”. Otras, como Castel de Ferro, sí podrían tener un origen catalán o paralelo a éste7. Sin embargo, es muy de agradecer la presencia de topónimos e incluso de apellidos catalanes (muy abundantes en la comarca de Guadix, como puedan ser Ubric o Rabaneda) en Andalucía, pues no son sino la muestra viva de que Cataluña, lejos de ser una realidad aislada, ha formado parte esencial del desarrollo histórico del conjunto de España.

Podemos concluir afirmando que los presupuestos contenidos en los tres artículos citados no son sino opiniones interesadas sobre documentos supuestamente sustraídos, y por tanto inexistentes, o utilizando elementos visuales como la heráldica o los relieves de la catedral de Toledo, que vienen a demostrar lo que ya es bien sabido: que Fernando el Católico, rey de Aragón, Conde de Barcelona, Rey de Valencia, de Mallorca y  de Sicilia, lo fue también de Granada, por conquista, y de Castilla, como consorte. Si el historiador acepta como verdad universal un punto de vista interesado, tan solo encontrará argumentos que validen su tesis, lo que no significa que sea acertada.

1 Montesinos, Montse: “La conquista de Granada según el Tratado de armo de Jaume Ramón Vila”. En: www.inh.cat. 05 de marzo de 2018.

2 Enrique Martínez Ruiz: “Los ejércitos en tiempos de Isabel I”, en http://www.cervantesvirtual.com

3 Martínez Ruiz, E. y Consuelo Maqueda: “Atlas Histórico de España I”. Istmo, Madrid, 2000.

4Domínguez Ortiz, A.: “Edad Moderna”. Historia Universal, Vicens Vives, Barcelona, 1996.

5Ladero Quesada, M.A.: “Edad Media”. Historia Universal, Vicens Vives, Barcelona, 1987.

6Valdeón, J.: “Los Reyes Católicos”. En Cuadernos de Historia 16, Madrid, 1995.

7Para profundizar en el tema: Malpica Cuello, A.: “Poblamiento y castillos en Granada”, Barcelona, 1996.

CONFERENCIA SOBRE HERNÁN CORTÉS EN DAU HISTÓRICO 2019 2

CONFERENCIA SOBRE HERNÁN CORTÉS EN DAU HISTÓRICO 2019 2

CONFERENCIA SOBRE HERNÁN CORTÉS EN DAU HISTÓRICO 2019 1

CONFERENCIA SOBRE HERNÁN CORTÉS EN DAU HISTÓRICO 2019 1

La furia patriótica y sus estragos

La furia patriótica y sus estragos

El lunes 2 de mayo de 1808 se produjo en Madrid un levantamiento contra las fuerzas napoleónicas que desembocó en una guerra que duró seis años y que produjo más de medio millón de muertos (en números redondos, murieron al menos: 200.000 franceses, 60.000 ingleses, 250.000 españoles; en combates o por hambres y epidemias). El militar catalán Francesc Xavier Cabanes fue quien, en 1815, empleo por vez primera el término Guerra de la independencia.

Releo ‘El sueño de la nación indomable’ (Ariel), espléndido libro del historiador Ricardo García Cárcel. Aquel 2 de mayo se produjo una descarga irregular de tensiones de los más diversos orígenes y “la irracionalidad de los comportamientos fue la única constante”. Fueron tiempos desgarrados, propicios al cultivo de obsesiones en el imaginario colectivo y a una manipulación también retrospectiva. El nacionalismo franquista uniría la fecha del 2 de mayo a la del 18 de julio; nada que ver. Historiador comprometido con la verdad y la educación de los ciudadanos, Ricardo García Cárcel reclama más historia y menos ideología (ni nacionalcatólica ni paleoprogresista) y se pone a rescatar la realidad histórica de las interpretaciones sectarias y míticas.

Estragos serios de aquella enfurecida era fueron el bandolerismo y la politización del ejército. Pero también se produjo el mito de la España indomable de 1808, que rechazaba la dominación del déspota foráneo. En todo caso, el derroche emotivo que se desplegó puso en marcha el patriotismo español que se complementaría con el espíritu de la Constitución de 1812. Las Cortes de Cádiz legaron una “obra conjunta de españoles muy diferentes entre sí, de historias personales muy dispares, que discreparon mucho pero que coincidieron en la asunción de una necesidad histórica”. Y “Cataluña salió de la prueba de 1808 más fuerte en su vinculación a España de lo que había entrado”.

Aquella guerra nos puso de moda en toda Europa, donde se aplicó una actitud paternalista hacia España, vista como país ‘virginal’ que no merecía los políticos que tenía. No es viable el sueño de la nación de ciudadanos sin integrar los sufrimientos de los hermanos ‘perdedores’. Es preciso liberalidad y que una sana conexión con la realidad nos descubra que el mundo no acaba ni empieza con nosotros. Con esta conciencia se abren las compuertas de la concordia.

Publicado en:

https://www.catalunyapress.es/texto-diario/mostrar/1637128/furia-patriotica-estragos

ARRANCA LA III EDICIÓN DEL PREMIO DE HISTORIA ÓRDENES ESPAÑOLAS

0

NOTA DE PRENSA

ARRANCA LA III EDICIÓN DEL PREMIO DE HISTORIA ÓRDENES ESPAÑOLAS

  • El galardón, dotado con 60.000 euros, es el único de estas características que se concede en el mundo.
  • El hispanista británico John H. Elliott ganó la primera edición y el medievalista español Miguel Ángel Ladero Quesada, la segunda.
  • El plazo de presentación para presentar candidaturas se inicia el 8 de octubre de 2019 y finaliza el 28 de febrero de 2020. El fallo del Jurado se conocerá en el mes de abril.

Madrid, 15 de octubre. Las Órdenes Españolas de Santiago, Calatrava, Alcántara y Montesa, instituciones de vasta tradición cuyo trabajo al servicio de la cultura es uno de sus rasgos distintivos, convocan la tercera edición del Premio de Historia Órdenes Españolas.  Se trata de un galardón creado en 2017, que nació con la vocación de constituirse como un referente de la ciencia de la historia, tanto en el ámbito académico como en el de la sociedad.

El Premio reúne varias características que lo convierten en un galardón único: su carácter internacional; distinguir una trayectoria investigadora reconocida por la importancia y rigor de sus estudios; la altura científica de las entidades que proponen los candidatos (universidades con departamento de Historia, academias e instituciones que cumplen el mismo cometido); su dotación económica de 60.000 €, y la relevancia del Jurado y de los patrocinadores que lo apoyan.

Los candidatos de esta III Edición podrán ser propuestos por las Universidades con departamento de Historia, academias e instituciones que, con distintas denominaciones, cumplen el mismo cometido, representantes de las instituciones patrocinadoras, y cada uno de los galardonados en anteriores ediciones del Premio.

El Jurado está presidido por el presidente del Real Consejo de las Órdenes, Pedro de Borbón Dos Sicilias, y reúne a destacados miembros del mundo académico, cultural y empresarial, así como al ganador de la última convocatoria.

En su primera edición, Felipe VI presidió la ceremonia de entrega del Premio, concedido al historiador británico John H. Elliott, cuya candidatura fue presentada por la Universidad de Oxford.  La ceremonia tuvo lugar en el Monasterio de El Escorial.

En su discurso, el prestigioso hispanista hizo hincapié en la importancia de conocer la historia: “Vivimos en un mundo dominado por la posverdad y el populismo de izquierdas y derechas. Hace falta historia bien hecha contra los mitos malintencionados y oportunistas”. La obra historiográfica de John H. Elliott destaca por su rigor y veracidad, virtudes académicas que el Premio valora especialmente.

Por su parte, el rey Juan Carlos entregó el galardón de la segunda edición al medievalista vallisoletano Miguel Ángel Ladero Quesada, también en el Monasterio de El Escorial. En su discurso, Ladero alertó contra quienes pretenden escribir la Historia “al dictado de intereses políticos o ideológicos”. El profesor Ladero fue propuesto por la Universidad de Cádiz y su obra se compone de decenas de libros y centenares de trabajos sobre la Edad Media europea y española.

El Premio de Historia Órdenes Españolas está gestionado por la Fundación Lux Hispaniarum y cuenta con el apoyo de la Fundación Areces, la Fundación Talgo y el Grupo Siro. El plazo de presentación de la documentación de candidaturas se inicia el 8 de octubre de 2019 y finaliza el 28 de febrero de 2020. El fallo del jurado será no más tarde del 11 de abril y la entrega del premio se realizará en mayo de 2020.

Contacto

Web: premioordenesespañolas.es

Twitter: @PremioOrdenesEs y LinkedIn: Premio Órdenes Españolas

Prensa:Antonio Moreno              amoreno@bacanacom.com

«Agustina de Aragón» por Óscar Uceda

Agustina de Aragón, o como se llamaba realmente, Agustina Saragossa y Doménech representó un personaje paradigmático en el contexto de la Guerra de la Independencia. Símbolo de la resistencia contra la ocupación francesa, un instante heroico le proporcionó la fama, bien aprovechada por Palafox, que la encumbró como ejemplo de la numantina defensa de Zaragoza. Esta catalana tuvo una vida llena de aventura, escándalo y viajes que forjaron uno de los mitos más arraigados de la guerra contra los franceses de 1808 a 1814.

 

Selección de textos censurados al profesor Francisco Oya (2)

Selección de textos censurados al profesor Francisco Oya. Con motivo del expediente al profesor Oya por parte de “Ensenyament de la Generalitat” que ha supuesto la suspensión de empleo y sueldo del profesor, “Historiadors de Catalunya” publicará una selección de textos censurados al profesor Francisco Oya. Continuaremos con una selección de textos del político, historiador, critico y publicista Salvador Sanpere i Miquel (1840-1915) y del dramaturgo, escritor y poeta, Ángel Guimerá (1845-1924).

Los textos fueron seleccionados por el profesor Francisco Oya para complementar el contenido del libro de texto utilizado por los alumnos de ESO del Instituto Joan Boscà, al entender que la visión del catalanismo político de finales del siglo XIX y principios del XX que contenía el manual estaba demasiado idealizada y ocultaba la vertiente racista del movimiento.

Selección de textos censurados al profesor Francisco Oya de Salvador Sanpere i Miquel

La raza catalana, pues, perfectamente conocida hoy por nosotros, atravesó sin desfallecimiento a través de romanos y godos, elementos del todo extraños a su temperamento aborigen y a las razas similares que vinieron después a darle forma. Hay, pues, una raza catalana, hay, pues, un pueblo catalán.

“Origens y fonts de la nació catalana. Las Rassas Civilisadoras”, La Renaixensa, VIII/I/11, 15 de junio de 1878, pp. 447-448

Selección de textos censurados al profesor Francisco Oya de Ángel Guimerá

 

Selección de textos censurados al profesor Francisco Oya de Ángel Guimerá
Ángel Guimerá

La raza que vence y que se hace noble y poderosa; que cae y que se ensucia hasta el alma; que se vuelve a levantar esperanzada desempolvando su vestido, es la raza catalana; Santa María de Ripoll el símbolo de su gloria, que hoy a todos nos acoge bajo sus alas. Tres veces, señores, con la transcendencia del presente, la hemos visto consagrada entre las amigas aguas del Ter y del Freser a la raza catalana. La primera vez en su edad de gloria y de conquista, sintiéndose resonar todavía en la lejanía los alaridos de los califas moros, mientras estos valles se estremecían de alegría bajo el caballo de nuestro conde Guifré, el tronco poderoso de nuestro linaje.

“Discurs de don Angel Guimerá en la sessió catalanista de Ripoll”, Lo Catalanista, VII/313, 16 de julio de 1893, pp. 7-8

 

Selección de textos censurados al profesor Francisco Oya (1)

Selección de textos censurados al profesor Francisco Oya. Con motivo del expediente al profesor Oya por parte de «Ensenyament de la Generalitat» que ha supuesto la suspensión de empleo y sueldo del profesor, «Historiadors de Catalunya» publicará una selección de textos censurados al profesor Francisco Oya. Empezaremos con una selección de textos del publicista y dramaturgo barcelonés Pompeu Gener (1848-1920).

Selección de textos censurados al profesor Francisco Oya de Pompeu Gener

En España, la población puede dividirse en dos razas. La aria (celta, grecolatina, goda) o sea del Ebro al Pirineo; y la que ocupa del Ebro al Estrecho, que, en su mayor parte, no es aria sino semita, presemita y aun mongólica [gitana] (…) Nosotros [los catalanes], que somos indogermánicos, de origen y de corazón, no podemos sufrir la preponderancia de tales elementos de razas inferiores.

Heregías (1887)

Creemos que nuestro pueblo es de una raza superior a la de la mayoría de los que forman España. Sabemos por la ciencia que somos Arios; bien por los autóctonos Celtas; bien por los Griegos, Romanos, Visigodos, Ostrogodos, Francos y otros que vinieron; y por tanto, queremos ser dignos descendientes de razas tan nobles […].

 “Presentació”, Revista Joventut, I/5, 15 de marzo de 1900, p. 2

Soñamos con un imperio intelectual y moral mediterráneo, por nuestra influencia sobre las restantes Naciones latinas, sin ser desviados ni por las durezas e ignorancias castellanas, ni por aquellas corrientes frías nórdicas que nos invaden con fantasmas de ideas pálidas, anémicas, de consciencia vacilante. Nada de eso. Nuestro patriotismo es de Patria superior, pero con carácter propio como los griegos, que fueron los primeros sin dejar de ser muy helénicos. Los demás pueblos de España ya nos seguirán, si quieren o si pueden y, si no, peor para ellos. Tal es nuestro cometido.

“Recorts y esperances”, Joventut, VI/257, 12 de enero de 1905, pp. 26-27