



Recreación del Juramento en la ciudad de Lérida del rey Carlos I en 28 de enero de 1519.
El pasado 9 de febrero se celebró en Lleida el Quinto centenario de la visita a la ciudad del rey Carlos I de Habsburgo cuando se encontraba de camino a Barcelona para regir las Cortes del Principado de Cataluña. Este es un vídeo resumen de los actos en los que participaron recreacionistas e historiadores.
L’emigració catalana és un fenomen que, igual que tots els pobles del món, podem analitzar a través dels factors que propicien l’expulsió i l’atracció; des dels desplaçaments rurals a les ciutats, a les emigracions ultramarines, passant pels assentaments de famílies catalanes en la mateixa Espanya. Per a referir-nos a l’emigració de catalans al Nou Món durant el segle XVIII hem de ressaltar que els factors d’atracció estaven més relacionats amb el creixement econòmic dels territoris americans, com el cas de Nova Espanya. Per tant, cal tenir en compte que si bé l’emigració catalana va tenir molt a veure amb el comerç també trobem altres factors que van propiciar els assentaments de gent del Principat en les Índies com el de la milícia.
Joan Pujol i Masmitjà sergent de la Companyia de Voluntaris de Catalunya, ho podem considerar com el primer promotor d’una emigració col·lectiva de catalans a Nova Espanya. La seva iniciativa va ser portar famílies del Principat amb la finalitat de poblar i treballar les mines de la província de Sonora, en la zona septentrional d’aquell regne, concretament a la vila de Guaymas.
AGI. CONTRATACIÓN. 5524, N.1, R.63. Juan Pujol. 27-08-1778.
Pujol va presentar una llista el 15 de juliol de 1777 amb 31 persones incloses les dones i fills, tots naturals del Principat de Catalunya excepte un, natural de Castella, per a embarcar-se des de Barcelona el 17 de juliol, la qual cosa al principi li va ser negada la Real Patent i Despatx. No obstant això, la insistència de Pujol en les crescudes despeses que provocaria la detenció d’aquesta iniciativa va sol·licitar que l’embarqui de les famílies es fes per Cadis, garantint que no es traslladarien a Amèrica més persones que les incloses en la llista. Finalment, el trasllat es va realitzar en 1778 en la fragata La nostra Senyora de la Concepció del patró Juan Marxuach que anava despatxat a l’Havana segons les regles del Comerç Lliure. Per al trasllat d’eines i mercaderies Pujol i Masmitjà va signar un conveni amb el patró del vaixell, qui buscaria en la plaça de Cadis el finançament per a la compra i càrrega de mercaderies, fruits i vins, destinats a l’Havana i Veracruz, incloent nolis. Per part seva, el patró del vaixell Juan Marxuach s’encarregaria també de vendre mercaderies i pagar als creditors. Mentre que Pujol es responsabilitzava de les dilacions per més de dos mesos en les vendes fent-se càrrec de les despeses a Veracruz de les restes del carregament. En cas de pèrdues en les vendes, aquestes es repartirien en parts iguals, però en la pèrdua del valor en els mercats el càrrec anava enterament a Pujol.
Aquesta emigració va estar composta per persones d’oficis diversos no relacionades amb el vincle comercial del Principat sinó amb el desenvolupament d’oficis locals entre els quals comptaven: dos paletes, un cirurgià, un manyà, un cordeler, un fuster, dos ferrers, un carreter, un armer, un picapedrer, un barber i sangrador, i un teixidor i rajoler.
Segons les cròniques locals de l’actual ciutat de Guaymas en l’Estat de Sonora, encara queden ruïnes dels edificis que van servir de llar a aquella colònia catalana, concretament en la zona anomenada “El Cochori”, així com descendència d’aquest primer viatge dels traslladats per Joan Pujol i Masmitjà.
Virregnat de Nova Espanya 1786-1821
La emigración catalana es un fenómeno que, al igual que todos los pueblos del mundo, podemos analizar a través de los factores que propician la expulsión y la atracción; desde los desplazamientos rurales a las ciudades, a las emigraciones ultramarinas, pasando por los asentamientos de familias catalanas en la propia España. Para referirnos a la emigración de catalanes al Nuevo Mundo durante el siglo XVIII debemos resaltar que los factores de atracción estaban más relacionados con el crecimiento económico de los territorios americanos, como el caso de Nueva España. Por lo tanto, hay que tener en cuenta que si bien la emigración catalana tuvo mucho que ver con el comercio también encontramos otros factores que propiciaron los asentamientos de gente del Principado en las Indias como el de la milicia.
Joan Pujol y Masmitjà sargento de la Compañía de Voluntarios de Cataluña, lo podemos considerar como el primer promotor de una emigración colectiva de catalanes a Nueva España. Su iniciativa fue llevar familias del Principado con el fin de poblar y trabajar las minas de la provincia de Sonora, en la zona septentrional de aquel reino, concretamente a la villa de Guaymas.
AGI. CONTRATACIÓN. 5524, N.1, R.63. Juan Pujol. 27-08-1778.
Pujol presentó una lista el 15 de julio de 1777 con 31 personas incluidas las mujeres e hijos, todos naturales del Principado de Cataluña excepto uno, natural de Castilla, para embarcarse desde Barcelona el 17 de julio, lo cual en un principio le fue negada la Real Patente y Despacho. Sin embargo, la insistencia de Pujol en los crecidos gastos que provocaría la detención de esta iniciativa solicitó que el embarque de las familias se hiciese por Cádiz, garantizando que no se trasladarían a América más personas que las incluidas en la lista. Finalmente, el traslado se realizó en 1778 en la fragata Nuestra Señora de la Concepción del patrón Juan Marxuach que iba despachado a La Habana según las reglas del Comercio Libre. Para el traslado de herramientas y mercancías Pujol y Masmitjà firmó un convenio con el patrón del barco, quien buscaría en la plaza de Cádiz la financiación para la compra y avío de géneros, frutos y caldos, destinados a La Habana y Veracruz, incluyendo fletes. Por su parte, el patrón del barco Juan Marxuach se encargaría también de vender mercancías y pagar a los acreedores. Mientras que Pujol se responsabilizaba de las dilaciones por más de dos meses en las ventas haciéndose cargo de los costes en Veracruz de los restos del cargamento. En caso de pérdidas en las ventas, éstas se repartirían en partes iguales, pero en la pérdida del valor en los mercados el cargo iba enteramente a Pujol.
Virreinato de Nueva España 1786-1821
Esta emigración estuvo compuesta por personas de oficios diversos no relacionadas con el vínculo comercial del Principado sino con el desarrollo de oficios locales entre los que contaban: dos albañiles, un cirujano, un cerrajero, un cordelero, un carpintero, dos herreros, un carretero, un armero, un cantero, un barbero y sangrador, y un tejero y ladrillero.
Según las crónicas locales de la actual ciudad de Guaymas en el Estado de Sonora, aún quedan ruinas de los edificios que sirvieron de hogar a aquella colonia catalana, concretamente en la zona llamada “El Cochori”, así como descendencia de ese primer viaje de los trasladados por Joan Pujol i Masmitjà.
La batalla de Covadonga en los manuales escolares
Hemos consultado algunos manuales escolares de historia del periodo franquista para ver cómo se aborda el tema de don Pelayo y la batalla de Covadonga. Naturalmente, en ninguno de ellos se habla de un ejército de cerca de 200.000 sarracenos frente a un puñado de hombres capitaneados por don Pelayo, aunque se dicen otras cosas… En el manual de Geografía e Historia de 2º de Bachillerato del plan de 1938 (Geografía e Historia, Editorial Luis Vives, Zaragoza, 1944), se dice que los cristianos refugiados en las montañas cantábricas eligieron por rey a Pelayo, que estableció su corte en Cangas de Onís. El “pequeño ejército” de Pelayo, perseguido por Alkama, se refugió en la cueva de Covadonga e imploró la “protección y auxilio de la Santísima Vírgen”. El texto se refiere asimismo a cómo las tropas de Pelayo ocuparon después las alturas del desfiladero, desde donde les lanzaron saetas y enormes piedras que hicieron estragos entre las “compactas filas infieles”. Y añadía que, según “la tradición”, se desprendió el monte que pisaban y la mayoría quedó sepultada en el fondo del valle por donde corre el río Deva. Este éxito guerrero habría dado ánimos en el “naciente Estado”. Como se ve, el texto hace alusión a que Pelayo imploró el auxilio de la Vírgen María, y, para el relato de que la mayoría de los enemigos quedaron sepultados en el valle, se recurre a la tradición. En este manual, la manera de exponer los hechos atribuye a la tradición el carácter milagroso de la victoria, lo que constituye una forma de no implicarse en la visión mítica, sin tampoco negarla.
El mismo relato encontramos en otros manuales escolares de la era franquista, como en Elementos de Historia de España (Editorial Bosch, Barcelona, 1950), cuyo autor José Luis Peña, catedrático en el Instituto Balmes de Barcelona, lo es asimismo de numerosos manuales escolares de este periodo. El que nos ocupa, para niños de 2º curso de Bachillerato, es decir, de unos 12 años, se expresa más o menos en los mismos términos que el anterior. Después de referirse a cómo Alkama y su ejército se adentraron por estrechas gargantas y desfiladeros, habían sido derrotados en la batalla de Covadonga que, a la importancia de los “hechos extraordinarios ocurridos en ella une el valor simbólico de ser la primera de la Reconquista”. Sin especificar cuáles fueron esos “hechos extraordinarios”, se señala que esta victoria frente a un enemigo superior infundió ánimos a los pequeños “estados cristianos”, que vieron en este triunfo la intervención de la Providencia”. El texto no dice que los cristianos vencieran gracias a la Providencia, sino que éstos lo creían. En cuanto a la expresión “estados cristianos”, nos paree inadecuada en este contexto. A todo lo más cabría hablar de focos o núcleos de resistencia a la invasión musulmana, y, aun así, el único que existía en el siglo VIII era el de Asturias. Los demás datan ya del siglo IX: Navarra, con Íñigo Arista, rey de Pamplona, Aragón, que empezaría siendo un condado, y los condados de los Pirineos orientales, el más importante de los cuales, el de Barcelona, terminaría imponiéndose a los demás.
Más que la narración de los hechos son los comentarios que los acompañan los que revelan el pensamiento que se quería inculcar y trasmitir a los alumnos. “Durante la Reconquista”- decía uno de los comentarios- “se va formando nuestra personalidad nacional. Se conserva en un principio bastante de lo romano y algo de lo germánico, pero lentamente se va elaborando el elemento esencial: lo hispano (en cursivas en el original), que va tomando cuerpo al calor de la lucha y del contacto que ella implica”.
Los mitos fundacionales de Cataluña: Wifredo el Velloso
Los núcleos cristianos de las zonas montañosas de los Pirineos pasaron bajo la dependencia y protección de los reyes francos Carlomagno y Ludovico Pío. Era la zona que se conocía como la Marca Hispánica, un territorio situado entre el reino franco y la España musulmana, en la que los numerosos condados de un lado y otro de los Pirineos gozaban de alguna autonomía, pero dependían del reino de los francos. Fue en este contexto en el que surgió la figura de Wifredo el Velloso (Guifré el Pilós, para los catalanes), investido en 870 por Carlos el Calvo conde de Urgel y Cerdaña. En las luchas intestinas que se sucedieron entre los señores feudales partidarios de Carlos el Calvo y después su hijo, Luis el Tartamudo, y Bernardo de Gothia, Wifredo el Velloso supo hábilmente ponerse del lado del vencedor, es decir, Carlos el Calvo, que lo recompensó entonces con algunos de los condados de los que había sido despojado el de Gothia, como eran los de Barcelona, Osona, Gerona y Besalú.
Wifredo el Velloso aprovechó la desintegración de la monarquía carolingia, particularmente después de la muerte de Carlos el Gordo en 888 y las luchas intestinas que siguieron, para instaurar la transmisión hereditaria de los condados, en vez de ser por designación regia. Desde finales del siglo IX, los condes no eran ya los delegados de los reyes, sino que actuaban con total independencia en sus dominios.
Al Wilfredo el Velloso histórico se superpuso la imagen mítica de un Wifredo el Velloso, padre de la patria catalana, que tuvo su origen en la Gesta comitum barchinonensium (Gesta de los condes de Barcelona), escrita por los monjes de Ripoll en el siglo XII, en la que, para justificar la transmisión hereditaria de los condados, se exalta la figura de Wifredo el Velloso como fundador de la casa condal de Barcelona. En resumidas cuentas, gracias a su lucha, por un lado, contra los musulmanes, y, contra los reyes francos, por otro, habría conseguido la independencia del condado de Barcelona y de los que de él dependían. El nombre de Cataluña (Catalunya, en catalán), que no existía hasta entonces, surgió asimismo en el siglo XII. A Wifredo el Velloso se le atribuye también ser el creador de la bandera catalana de las cuatro barras rojas.
Según esta leyenda, surgida mucho más tarde, en el siglo XVI, habiendo resultado herido Wifredo el Velloso en una batalla contra los musulmanes, el emperador carolingio mojó su mano derecha en la sangre que manaba de la herida del conde, colocando luego los cuatro dedos ensangrentados encima del escudo dorado. Así nacería la llamada señera, que pasó a ser el escudo del Reino de Aragón, tras la unión personal del condado de Barcelona con el reino de Aragón por el matrimonio en 1150 de Petronila, hija del rey aragonés Ramiro II, con el conde de Barcelona Ramón Berenguer IV. Esta unión personal o dinástica solo sería, no obstante, efectiva a partir de 1164, en que el hijo de ambos, Alfonso II, por renuncia de su madre, Petronila, a la Corona de Aragón, reunió, junto a ésta, el condado de Barcelona.
Todos los mitos creados en torno al personaje de Wifredo el Velloso por los monjes de Ripoll en el siglo XII serían retomados por los ideólogos de la Renaixença en el siglo XIX, que harían de este personaje un héroe legendario, como adalid de la independencia de Cataluña del Imperio carolingio. Frente a esta versión manipuladora de la historia, el relato que hace el historiador Rafael Altamira de Wifredo el Velloso y los orígenes del condado de Barcelona se basa en una interpretación rigurosa y racional de los hechos, sin concesiones a la leyenda o el mito.
María Rosa de Madariaga
Historiadora
Uno de los casos paradójicos sobre los territorios del imperio español fue que durante prácticamente tres siglos no hubo presencia militar ni ejércitos regulares. Según las fuentes como los informes de virreyes, no era necesario puesto que no había rebeliones ni amenazas internas significativas. Sin embargo, a partir de la segunda mitad del siglo XVIII los ataques ingleses a Cuba y Filipinas hicieron que la Corona se replanteara el sistema defensivo en todos sus territorios. Si bien las élites de españoles americanos (mal llamados criollos), novohispanos en este caso, no vieron favorables las políticas reformistas puesto que ellos llevaban décadas controlando sus intereses y manteniendo sus propias milicias urbanas; los ejércitos de peninsulares fueron, entre muchos otros aspectos de las reformas, blanco de críticas, burlas y rechazos. En cuanto a la Compañía de Voluntarios de Cataluña un libelista anónimo se expresó así de ésta a la ciudad de México:
Los migueletes, a su entrada,
profesaban no hacer de bueno nada,
y en libertad que dieron de conciencia,
malo fue cuanto hicieron de experiencia:
las mujeres, los juegos, las bebidas,
pagaban con bravatas, con heridas,
y aunque a vista de todos se paseaban,
los jueces sus excesos toleraban, […]
No quedó pícaro de marca entera
a quien en tal facción no se admitiera;
y aun parece, según se vio patente,
que de éstos se buscaban solamente.[1]
Durante la gestión del virrey Revillagigedo II (1789-94) se ordenaron movimientos en las compañías militares, entre ellas la de Voluntarios de Cataluña. La primera compañía catalana, después de la expedición a California, estuvo destacada en Nutka, en el actual territorio de Canadá, zona amenazada por los rusos. Mientras que la segunda que, se había mantenido en las zonas septentrionales conocidas como provincias internas (actuales Estados de Sonora y Chihuahua), fue destinada a la ciudad minera de Guanajuato para vigilar a las élites locales quienes preferían mantener su milicia urbana conocida como Legión del Príncipe, formada por población local y por la cual llegaban a evadir tributos y por lo tanto, desde el palacio virreinal, se ordenó que la manutención de la Compañía de Cataluña fuese costeada por el Cabildo de la ciudad, lo cual llevó a un intenso debate entre Guanajuato y el Subinspector del Ejército. Finalmente por circunstancias diversas la compañía fue enviada hacia el Fuerte de Perote, cerca del puerto de Veracruz.
De las dos compañías, la primera fue la que tuvo mayor importancia en cuanto al papel desempeñado en la exploración y colonización de la Alta California, en la que sobresalieron personajes como Pedro Fages, teniente de la compañía, quien estuvo estrechamente relacionado con los padres Juan Crespí y Junípero Serra; personajes también como el capitán Pedro Alberni, quien se convirtió en uno de los primeros exploradores (sino es que el primero), en llegar hasta el actual Vancouver; o Gaspar de Portolà, colonizador y primer gobernador de la Alta California.
La Segunda Compañía de Voluntarios de Cataluña al ser destinada en últimos años del siglo XVIII al Fuerte de Perote, donde resguardaban la plata proveniente del comercio que debía salir con rumbo a España se mantuvo, al igual que muchas otras milicias ,con problemas como el de la tropa avejentada, muertes, deserciones y plazas vacantes.[2] Conservó el nombre hasta su desaparición en la primera década del siglo XIX y solo estuvo completa por catalanes los primeros años de su formación y servicio. Los reclutas en Cataluña habrían servido para el servicio en Europa mayoritariamente, dejando unos cuantos para los cuerpos americanos. En cuanto a la adaptación de los militares catalanes y su asentamiento en los territorios novohispanos después de su servicio, existen las cédulas de inválidos donde aparecen matrimonios con mujeres locales o algunos que se dedicaron al pequeño comercio. Mucha población catalana pasó al Nuevo Mundo como comerciantes más que como militares, cuyo tema hablaremos en otro momento.
Para concluir con una reflexión sobre la importancia de los catalanes y su presencia en la actual California; hemos visto, hace un día o dos, que los gobernantes de Los Ángeles han decidido condenar al genovés Cristóbal Colón en un acto sumamente desatinado. Probablemente le tocó a Colón porque tanto autoridades como habitantes ignoran quienes fueron Gaspar de Portolà, Serra, Fages, Alberni, etcétera; (por lo pronto los canadienses siguen manteniendo el nombre de Port Alberni en la bahía de Vancouver), esperemos que no continúen convirtiendo la Historia en propaganda y la quieran reescribir para los fines políticos y sociales de una minoría falaz como lamentablemente ha sucedido.
[1] Castro, Felipe. Nueva Ley y Nuevo Rey. Reformas borbónicas y
rebelión popular en Nueva España. El Colegio de Michoacán-UNAM. México
[2] Torre Villar, Ernesto de la. (coord.) Instrucciones y memorias de los virreyes novohispanos. México. Porrúa. 1991 p. 1128 V.2.
En la conferencia se analizó la figura de Antoni de Capmany y de Montpalau (1742-1813). En la misma, el profesor García Cárcel empezó subrayando la compleja identidad de este personaje, fronterizo entre dos épocas, el Antiguo y el Nuevo Régimen, polémico con malas relaciones entre los intelectuales de su tiempo y juzgado de modo muy distinto por los historiadores, desde Cataluña, desde Madrid, y desde París. Su trayectoria biográfica se fragmenta en cuatro etapas: el militar, el ilustrado, el patriota español, y el constitucionalista. Por último, se examinó su pensamiento a lo largo de su propia biografía: su concepto cultural y sentimental de España, su posición entre la apología y la crítica de España y su voluntad de conjunción de la unidad y la pluralidad de España, ejerciendo de catalán en la misma medida que de español.
RICARDO GARCÍA CÁRCEL